El penalti en rugby es la sanción más común y una de las herramientas ofensivas más importantes del juego. Cuando un equipo comete una infracción suficientemente grave, el árbitro señala penalti y el equipo contrario tiene varias opciones. La más directa es patearlo entre los palos para sumar 3 puntos, convirtiendo así la infracción del rival en una ventaja inmediata en el marcador. En partidos muy igualados, la acumulación de penaltis convertidos suele decidir el resultado.
No todas las infracciones reciben penalti: las menos graves solo originan un tiro libre (free kick), que permite reiniciar el juego pero no patear directamente a palos. Las infracciones sancionadas con penalti incluyen el fuera de juego, la carga ilegal, jugar sin el balón, el colapso deliberado de la melé, las manos en el ruck y el juego peligroso, entre otras. La tarjeta amarilla o roja puede añadirse al penalti en casos graves.
Tácticamente, los equipos más disciplinados son los que mejor capitalizan los errores ajenos. Un pateador fiable dentro de los 50 metros es un activo enorme para cualquier equipo, ya que convierte la disciplina propia y la presión sobre el rival en puntos casi garantizados. A la inversa, un equipo que concede muchos penaltis en su propio campo paga un precio elevado: los 3 puntos recurrentes pueden acumularse para superar la diferencia generada por los ensayos propios.