El placaje o tackle es la principal acción defensiva del rugby y una de las habilidades más trabajadas durante el entrenamiento. Consiste en agarrar al portador del balón y derribarlo al suelo o inmovilizarlo, interrumpiendo así su avance. A diferencia del fútbol americano, en el rugby el placaje no detiene el juego: simplemente crea un punto de contacto a partir del cual se forma el ruck y el juego continúa de inmediato.
Las reglas del placaje en rugby son estrictas en materia de seguridad. El contacto debe producirse por debajo del nivel de los hombros; cualquier golpe a la cabeza o al cuello se considera juego peligroso y puede ser sancionado con penalti y tarjeta. En los últimos años, World Rugby ha endurecido la interpretación del «high tackle» para proteger la integridad de los jugadores, especialmente tras estudios sobre las lesiones cerebrales en el deporte de contacto.
Un buen placaje combina técnica, posicionamiento y valentía. Los aspectos clave son: bajar el centro de gravedad al aproximarse, golpear con el hombro en el área de los muslos del portador, envolver los brazos para asegurar el derribo y llevar al rival al suelo de forma controlada. Un equipo que plaques con eficacia y solidez —especialmente en la línea defensiva— puede detener al rival incluso cuando este tiene más posesión y territorio. El número de metros cedidos en los placajes mal ejecutados es una estadística que los equipos profesionales siguen de cerca.