La historia de la expansión internacional del sambo es inseparable de la historia de la propia Unión Soviética y de su disolución. Mientras el sambo fue un deporte exclusivamente soviético, su expansión fuera de las fronteras del bloque socialista fue limitada; cuando la URSS desapareció en 1991, los miles de entrenadores, deportistas y técnicos que se dispersaron por el mundo llevaron el sambo consigo.
Los primeros pasos internacionales
Aunque el sambo era un deporte exclusivamente soviético durante la mayor parte de la Guerra Fría, el interés internacional fue creciendo de forma gradual. Los primeros contactos entre el sambo y el mundo exterior llegaron a través de los encuentros de judo: varios sambistas soviéticos que competían internacionalmente en judo demostraban técnicas —especialmente llaves de pierna— que claramente procedían de una tradición diferente y fascinaban a los judocas de otros países.
En los años 60 y 70, algunos países del bloque socialista —especialmente Bulgaria, Checoslovaquia y Polonia— comenzaron a desarrollar programas de sambo propios, a menudo integrados dentro de sus sistemas de judo y lucha. Estos países serían los primeros representantes internacionales del sambo fuera de la URSS en los primeros campeonatos mundiales.
El Primer Campeonato Mundial de 1973
El Primer Campeonato Mundial de Sambo se celebró en 1973 en Teherán, Irán, con participación de nueve países. La Unión Soviética dominó ampliamente la primera edición, como era de esperar dado que el sambo era su deporte nacional, pero la mera celebración de un campeonato mundial marcó el inicio de la era internacional del deporte.
Los campeonatos mundiales que siguieron, celebrados anualmente o bianualmente según los períodos, fueron expandiendo progresivamente la participación internacional. Países como Mongolia, Japón, Yugoslavia y Cuba comenzaron a enviar delegaciones. La calidad técnica de los competidores de estas nuevas delegaciones fue creciendo rápidamente, especialmente en el caso de los países que tenían fuertes tradiciones de lucha propias —como Mongolia, con su lucha bokh— que se adaptaban bien a los principios del sambo.
La fundación de la FIAS en 1984
La Federación Internacional de Sambo Amateur (FIAS) fue fundada oficialmente en 1984 en Madrid, España, dando al sambo internacional un órgano rector independiente —al menos formalmente— de la federación soviética. Esta fundación fue un paso importante hacia la legitimidad internacional del deporte, aunque la dominancia soviética en la dirección de la federación era una realidad en ese período.
La sede de la FIAS se estableció en Europa Occidental precisamente para subrayar el carácter internacional del deporte más allá de sus raíces soviéticas, una estrategia que formaba parte de los esfuerzos por conseguir el reconocimiento olímpico que ya se perseguía desde los años 80.
El punto de inflexión: la disolución de la URSS en 1991
La desaparición de la Unión Soviética en 1991 fue el evento que transformó definitivamente el sambo en un deporte verdaderamente global. Miles de entrenadores, deportistas y técnicos soviéticos emigraron a todos los rincones del mundo —Estados Unidos, Europa Occidental, América Latina, Asia, Australia— y muchos de ellos abrieron clubs o se integraron en sistemas deportivos locales, llevando el sambo consigo.
Este proceso de emigración masiva de talentos fue involuntario desde el punto de vista del desarrollo del deporte: los entrenadores emigraban por razones económicas y personales, no para expandir el sambo. Pero el efecto fue una expansión explosiva: en 1991 la FIAS tenía miembros en unos 25-30 países; en el año 2000 ya superaba los 70; en 2010 eran más de 100; hoy son más de 130.
El sambo en Asia, América y África
La expansión geográfica del sambo ha alcanzado continentes que parecían improbables candidatos para el deporte hace apenas dos décadas. En Asia, Japón, Mongolia, Uzbekistán, Kazajistán y Kirguistán tienen programas sólidos. En América, Estados Unidos, Brasil, Cuba y Venezuela lideran el desarrollo. En África, países como Egipto, Marruecos y Senegal han desarrollado federaciones nacionales activas. En Europa, el sambo ha encontrado terreno fértil en casi todos los países, especialmente en aquellos con tradiciones de judo o lucha.