El nacimiento del sambo en la Unión Soviética es una historia de síntesis, de necesidad militar y de la visión de al menos dos hombres que, de forma independiente pero en el mismo contexto histórico, crearon los fundamentos de lo que se convertiría en uno de los sistemas marciales más influyentes del siglo XX.
El contexto histórico: la URSS necesita un sistema marcial propio
En los años que siguieron a la Revolución Rusa de 1917, el nuevo Estado soviético enfrentaba la necesidad de crear una identidad propia en todos los ámbitos, incluido el de las artes marciales y la preparación física de sus fuerzas armadas. Los sistemas japoneses —judo, jiu-jitsu— eran conocidos y respetados, pero tenían una identidad cultural que no encajaba con el proyecto soviético de crear sistemas propios, soviéticos, que aprovecharan las riquísimas tradiciones de lucha de los pueblos que componían la nueva Unión.
La URSS era un mosaico de naciones con tradiciones marciales propias: el kurash uzbeko, el khokhsho bielorruso, el chidaoba georgiano, el gorekan armenio, entre muchas otras. Estos sistemas de lucha autóctonos contenían técnicas únicas, especialmente en lo que se refería a agarres, proyecciones y llaves, que ningún sistema individual sistematizaba en su totalidad.
Vasili Oschepkov: el hombre del judo
Vasili Oschepkov (1893-1937) es la figura más extraordinaria en la génesis del sambo. Nacido en Sajalín —en la entonces frontera entre el Imperio Ruso y el Imperio Japonés— tuvo una vida de novela: aprendió judo directamente en el Kodokan de Jigoro Kano en Japón entre 1911 y 1913, convirtiéndose en el primer europeo en obtener el cinturón negro del Kodokan.
Al regresar a Rusia y posteriormente integrarse al sistema soviético, Oschepkov comenzó a enseñar judo al Ejército Rojo, pero rápidamente se distanció de la pureza técnica del judo japonés para incorporar técnicas de otros sistemas de lucha que conocía o que sus estudiantes traían de sus culturas de origen. Su método era experimental y pragmático: si una técnica de lucha daguestaní funcionaba mejor que la técnica equivalente del judo, se incorporaba. El sistema que Oschepkov desarrollaba en Moscú durante los años 20 era un judo en continua evolución, haciéndose cada vez más diferente de su fuente original.
Viktor Spiridonov: el sistema paralelo
Casi al mismo tiempo, Viktor Spiridonov (1883-1943), un oficial del Ejército Rojo y veterano de la Primera Guerra Mundial, desarrollaba en Moscú un sistema de autodefensa diferente. Spiridonov había estudiado jiu-jitsu —en su variante previa al judo de Kano— y lo combinaba con técnicas de boxeo europeo, catch wrestling y las tradiciones de lucha rusas. Su sistema, llamado «Samoz» (abreviatura de «samozashchita», autodefensa), estaba pensado para situaciones de combate real, no para la competición deportiva.
El sistema de Spiridonov era especialmente importante para personas que necesitaban técnicas efectivas sin depender de la fuerza física superior: agentes de seguridad del Estado, instructores civiles, mujeres que necesitaban capacidad de autodefensa. Esta orientación práctica contrastaba con el enfoque más deportivo y marcial clásico de Oschepkov.
La trágica purga de Oschepkov
En 1937, en el punto álgido de las purgas estalinistas, Vasili Oschepkov fue arrestado acusado de ser espía japonés —un cargo absurdo pero típico de la paranoia del período estalinista— y murió en prisión ese mismo año, rehabilitado posthumamente décadas después. Esta circunstancia tuvo consecuencias en la historia oficial del sambo: durante décadas, el nombre de Oschepkov fue borrado de los orígenes del deporte y la figura de Anatoly Kharlampiev —estudiante de Oschepkov que sobrevivió las purgas— fue promovida como el «padre del sambo».
La rehabilitación histórica de Oschepkov llegó en el período postsoviético y ha sido completada por los historiadores modernos, que reconocen su papel central junto al de Spiridonov en la creación de lo que se convertiría en el sambo oficial.