El sambo llega a España: el legado soviético tras el Telón de Acero
El sambo —acrónimo ruso de Samozashchita Bez Oruzhiya, «autodefensa sin armas»— fue desarrollado en la Unión Soviética durante la década de 1930 por Vasili Oshchepkov y Viktor Spiridonov, combinando elementos del judo, la lucha grecorromana, la lucha libre y diversas artes marciales de las repúblicas soviéticas. Durante décadas permaneció casi desconocido fuera del bloque del Este.
La caída de la URSS en 1991 marcó el punto de inflexión. La diáspora de ciudadanos soviéticos —rusos, ucranianos, georgianos, kazajos y otros— hacia Europa Occidental llevó consigo, entre otras cosas, el conocimiento práctico del sambo. España, que en los años 90 vivía un importante flujo migratorio procedente de Europa del Este, fue uno de los países receptores de esta cultura deportiva.
Los primeros clubes y la conexión con el judo
Los primeros grupos de sambo en España no nacieron de estructuras deportivas propias, sino que se desarrollaron en el seno de clubes de judo y de lucha. Los entrenadores con experiencia soviética que se habían asentado en ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia comenzaron a ofrecer clases de sambo a alumnos que ya practicaban artes marciales afines.
Esta vinculación con el judo fue especialmente natural: el sambo deportivo comparte con el judo la estructura de competición basada en proyecciones (броски) y técnicas de suelo, aunque el sambo permite un mayor repertorio de llaves a las piernas y no puntúa el estrangulamiento. Los judocas españoles con inquietudes descubrieron en el sambo una extensión lógica de su práctica.
La Federación Española de Sambo
A medida que los clubes se multiplicaron y los practicantes aumentaron, surgió la necesidad de dotar al sambo de una estructura institucional. La Federación Española de Sambo se constituyó para aglutinar a los clubes del país, homologar competiciones y representar a España ante la Federación Internacional de Sambo (FIAS) y la Federación Europea de Sambo (FESA).
La federación española también promovió desde el principio dos modalidades diferenciadas: el sambo deportivo, orientado a la competición reglada, y el sambo de combate, una versión más completa que incluye golpes y que se practica con protecciones adicionales.
Raíces comunitarias y expansión
La historia del sambo en España es inseparable de las comunidades de Europa del Este que hicieron de él una señal de identidad cultural. Las asociaciones de inmigrantes rusos y ucranianos en ciudades como Madrid, Valencia o Málaga actuaron como viveros de los primeros equipos, y sus hijos —ya nacidos o criados en España— formaron la primera generación de sambistas con doble identidad cultural y deportiva.
Este caldo de cultivo comunitario, combinado con la creciente visibilidad de las artes marciales mixtas (MMA) desde los años 2000, ayudó al sambo a captar interés más allá de las comunidades inmigrantes.