El objetivo fundamental del sambo es dominar al rival con técnica, velocidad y control. A diferencia de otros deportes de combate que solo contemplan el KO o la sumisión, el sambo ofrece un sistema mixto donde tanto la calidad de las proyecciones en pie como el trabajo en el suelo determinan el resultado final del combate.
La victoria directa
La forma más definitiva de ganar un combate de sambo es la victoria directa, que pone fin al enfrentamiento de manera inmediata. Esta se consigue de tres maneras distintas: ejecutando un brosok (proyección) perfecto en el que el rival cae completamente de espaldas con fuerza, control y amplitud; mediante uderzhaniye (inmovilización), manteniendo al rival inmovilizado durante 20 segundos seguidos en el suelo; o forzando al rival a rendirse con un bolevoy priom (llave articular) que lo lleva a tocar el tapiz con la mano o a pronunciar su rendición verbalmente.
La victoria directa por proyección requiere que el rival caiga limpiamente sobre la espalda, sin que el ejecutor pierda el control del movimiento. Si la caída es parcial —sobre un hombro, sobre el costado— el árbitro otorgará 4 o 2 puntos en lugar de la victoria directa. Esta gradación hace que la técnica de proyección sea el elemento más analizado y debatido en el sambo.
El sistema de puntuación acumulativa
Cuando no hay victoria directa, el combate se resuelve por acumulación de puntos. El sistema de sambo contempla tres niveles de puntuación para las proyecciones: 4 puntos por una proyección en que el rival cae sobre la espalda pero sin el perfecto control que exige la victoria directa; 2 puntos por derribar al rival sobre el costado con amplitud y fuerza; y 1 punto por derribo sobre el costado pero con menor amplitud o proyecciones a las que les falta algún elemento técnico.
Cada vez que se acumula una diferencia de 8 puntos entre los dos sambistas, el combate se detiene y se declara ganador al que lleva ventaja. Este mecanismo evita los combates desequilibrados y da un peso decisivo a la superioridad técnica acumulada.
Sumisión por llave articular
En sambo deportivo están permitidas las llaves de brazo y de pierna, lo que amplía notablemente el arsenal técnico frente al judo. Cuando un sambista aplica con eficacia una llave articular —ya sea sobre el codo, la rodilla, el tobillo o la cadera— el rival puede rendirse tocando dos veces el tapiz o el cuerpo del contrario, o verbalmente pidiendo la detención. El árbitro también puede detener el combate si aprecia riesgo de lesión grave aunque no haya rendición explícita.
Las estrangulaciones están prohibidas en el sambo deportivo, a diferencia del combat sambo donde son técnicas permitidas. Esta diferencia de reglamento es uno de los rasgos más definitorios que separan ambas modalidades.
El empate y el desempate
Si al terminar el tiempo reglamentario ambos competidores tienen la misma puntuación, el combate se prolonga en golden score, una prórroga de tiempo indefinido en la que el primero en puntuar gana. En caso de que el combate llegue al final de la prórroga sin que nadie haya puntuado, los árbitros pueden otorgar la victoria al combatiente que haya mostrado mayor actividad e iniciativa técnica durante toda la pelea.