Cuando el comité organizador de los Juegos Asiáticos de Pekín 1990 anunció que el sepak takraw sería deporte oficial del programa, fue una señal de que el juego de ratán del Sudeste Asiático había dado un salto cualitativo en su proyección continental. Era la primera vez que el sepak takraw competía en un evento multideportivo de primer nivel con participación de toda Asia.
El camino hasta los Juegos Asiáticos
La inclusión del sepak takraw en los Juegos Asiáticos de 1990 no fue casual. La fundación de la ISTAF en 1988 había dado al deporte la estructura organizativa que los comités olímpicos y multideportivos exigen para reconocer un deporte. Con una federación internacional, un reglamento unificado y un programa de campeonatos mundiales, el sepak takraw reunía los requisitos formales para aspirar a estar en un evento de este nivel.
La elección de Pekín como sede de los Juegos Asiáticos de 1990 tenía también una dimensión simbólica relevante para el sepak takraw: China no era una potencia en el deporte, pero su inclusión en el programa de los Juegos lo exponía a una audiencia enorme.
El debut: Tailandia y Malasia en el podio
En el debut olímpico-continental del sepak takraw, los dos grandes del deporte ratificaron su dominio. Tailandia y Malasia se repartieron las medallas de oro en las distintas categorías, con equipos que habían estado entrenando específicamente para este evento durante meses.
Para los jugadores que participaron en aquellos primeros Juegos, la experiencia fue transformadora: competir en un estadio lleno, con delegaciones de decenas de países presentes, representando a su nación en un deporte que era prácticamente desconocido para la mayoría del planeta, fue un motivo de orgullo enorme.
El impacto en el desarrollo del deporte
La presencia en los Juegos Asiáticos tuvo un efecto multiplicador sobre el sepak takraw. Los países que habían visto el deporte como una actividad cultural regional se dieron cuenta de que tenía suficiente estructura y respaldo institucional para ser tratado como deporte de alto rendimiento. Se crearon más federaciones nacionales, más programas de entrenamiento y más competiciones.
Corea del Sur fue el primer país no fundador de la ISTAF en invertir seriamente en el sepak takraw como consecuencia de los Juegos de 1990. La selección coreana comenzó a entrenar con métodos profesionales y en décadas posteriores se convirtió en una potencia emergente del deporte.
La candidatura olímpica: una asignatura pendiente
Desde su debut en los Juegos Asiáticos de 1990, la ISTAF ha mantenido el sueño de conseguir que el sepak takraw sea incluido en los Juegos Olímpicos. Hasta la fecha, ese objetivo no se ha conseguido. Las principales barreras han sido la limitada difusión del deporte fuera de Asia y la ya nutrida lista de deportes en competición por plazas en el programa olímpico.
Sin embargo, el reconocimiento del Comité Olímpico Internacional a la ISTAF, la presencia continuada en los Juegos Asiáticos y el creciente interés en Europa y América son pasos que mantienen viva la candidatura.