Hay deportes en los que un país domina durante una época y luego el poder se desplaza a otro. En el sepak takraw de los Juegos Asiáticos, la historia es diferente: Tailandia ha estado en lo más alto desde el primer día, y su dominio, aunque con matices y con momentos en que otros países se le han acercado, no ha sido interrumpido de forma decisiva desde que el deporte debutó en los Juegos de Pekín 1990.
El inicio: Pekín 1990
En la primera edición de los Juegos Asiáticos con sepak takraw, Tailandia llegó como favorita absoluta. Tenía la ventaja de haber sido uno de los países fundadores de la ISTAF en 1988 y de contar con una selección que llevaba años compitiendo en torneos regionales. El debut fue el esperado: Tailandia conquistó las medallas de oro en las principales categorías y estableció el estándar de nivel que los demás países deberían superar para competir con ella.
La consistencia a lo largo de las décadas
Lo verdaderamente extraordinario del dominio tailandés no es haber ganado en un año determinado sino haber mantenido un nivel de excelencia a través de generaciones de jugadores. Cada cuatro años, Tailandia llega a los Juegos con una nueva generación de rematadores, tekongs y coordinadores de juego, y esa nueva generación es capaz de mantener el nivel de las anteriores.
Esta consistencia generacional es el resultado del sistema de formación tailandés: las academias, los campeonatos escolares, la integración del sepak takraw en los programas de educación física y el apoyo estatal garantizan que nunca haya un vacío de talento.
La rivalidad con Malasia como motor del nivel
El dominio tailandés ha sido posible también porque ha tenido un rival a la altura que ha obligado al país a mantenerse en constante evolución. La selección malasia ha ganado medallas en múltiples ediciones de los Juegos, ha llegado a las finales con regularidad y ha ganado en algunas categorías específicas. Esta presión ha evitado que Tailandia se complaciera con su liderazgo y ha elevado el nivel general del deporte.
La medalla de oro como expectativa nacional
En Tailandia, la medalla de oro en sepak takraw en los Juegos Asiáticos no es una sorpresa: es una expectativa. Los medios de comunicación tailandeses cubren el torneo con la asunción de que su selección competirá por el primer lugar. Cuando eso no ocurre —cuando Malasia o Corea del Sur ganan una final— es noticia por la rareza que representa, no por la normalidad.
Esta presión de expectativa añade una dimensión psicológica al dominio tailandés: los jugadores de la selección saben que el éxito es lo que se espera de ellos, y han aprendido a gestionarlo como parte de la preparación mental para los grandes torneos.