Cuando un snowboarder baja una pista de recreo, normalmente lo hace a entre 30 y 60 km/h. Es suficiente para disfrutar de la sensación de velocidad y la libertad de movimiento. Pero hay una rama del snowboard que lleva ese concepto a un territorio completamente diferente: los especialistas en velocidad que se lanzan por pendientes extremas en posición aerodinámica y superan los 200 km/h sobre la nieve.
Los números que no parecen reales
El récord mundial de velocidad en snowboard se sitúa en torno a los 203 km/h, establecido en la estación de Vars, en los Alpes franceses. Esta localidad es uno de los centros mundiales del speed riding —el esquí y el snowboard de velocidad— y alberga regularmente competiciones donde los riders bajan pistas especialmente preparadas con pendientes de hasta el 85% en busca del récord.
Para poner en perspectiva ese número: 203 km/h es la velocidad a la que circulan muchos trenes de alta velocidad regionales en Europa. Es más rápido que el límite de velocidad de cualquier autopista del mundo. Es la velocidad a la que vuela un pequeño avión de hélice.
El equipo que lo hace posible
Alcanzar esas velocidades requiere un equipo muy diferente al del snowboard convencional. Los riders de velocidad usan trajes de lycra aerodinámicos con una forma especialmente diseñada para reducir la resistencia del aire, cascos aerodinámicos con visera integral, botas y fijaciones especializadas y tablas más largas, rígidas y angostas que las de competición convencional.
La posición es igualmente crítica: el rider se encoge sobre la tabla en una postura que recuerda más a la de un ciclista de tiempo que a la de un snowboarder convencional, con los brazos pegados al cuerpo y la espalda lo más horizontal posible. Cualquier movimiento en falso a esa velocidad puede resultar en una caída catastrófica.
La diferencia con el esquí de velocidad
El esquí de velocidad —conocido como “kilómetro lanzado” o speed skiing— es la disciplina de nieve más rápida del mundo. El récord supera los 254 km/h, conseguido por el italiano Simone Origone. Comparado con eso, los 203 km/h del snowboard son “lentos”, pero la diferencia se explica principalmente por la mecánica: dos esquís ofrecen más estabilidad y mejor aerodinámica que una tabla única, y la posición más baja del centro de gravedad en el snowboard genera más resistencia.
Con todo, la brecha se ha ido reduciendo con los años gracias a la mejora del equipamiento y la técnica.
La velocidad en las pistas normales
Volviendo a la tierra, vale la pena saber que incluso en pistas convencionales los snowboarders pueden alcanzar velocidades sorprendentes. En terrenos con pendiente pronunciada y nieve dura, sin obstáculos y con condiciones favorables, un snowboarder aficionado puede superar fácilmente los 80 km/h. Los profesionales en competición de descenso libre pueden llegar a 120-130 km/h. La nieve, cuando la superficie es buena, ofrece muy poca resistencia. Ese es el secreto de la velocidad sobre blanco.