El big air es la disciplina más pura del freestyle: un único salto, todo o nada. Sin recorridos complicados ni múltiples obstáculos, el rider tiene solo un momento para demostrar lo mejor de lo mejor.
La estructura del big air
El big air se disputa desde una megaestructura de salto que puede ser una construcción artificial en entornos urbanos (como en el big air olímpico de Pekín 2022, ubicado en una antigua planta industrial) o una rampa de nieve en una ladera de montaña. La altura de las estructuras puede superar los 50 metros, y los riders alcanzan velocidades de más de 80 km/h antes de despegar.
El número de intentos
El formato del big air varía según la competición y la fase:
- Clasificación: normalmente dos intentos, contando la mejor nota.
- Final: el formato más común son tres intentos, de los cuales se suman las dos mejores notas. Este formato premia la consistencia: hacer dos saltos muy buenos vale más que hacer uno perfecto y fallar el otro.
Algunas competiciones contemplan que los dos intentos de la final sean en sentidos distintos (un salto a izquierda y uno a derecha del kicker), para demostrar versatilidad.
Lo que puntúan los jueces
Los criterios de puntuación del big air se centran en:
- Amplitud: cuánto se eleva el rider sobre el lip del kicker. Más altura significa más tiempo en el aire y más posibilidades de hacer un truco difícil.
- Dificultad: las rotaciones más largas (1440, 1620, 1800 grados), combinadas con grabs o flips, son las que mayor nota potencial tienen.
- Ejecución: un aterrizaje limpio, con control total sobre la tabla, multiplica el valor del truco. Hacer el truco más difícil del mundo y caerse equivale a una nota baja.
Su debut olímpico
El big air de snowboard debutó en los Juegos Olímpicos de Pyeongchang 2018, convirtiéndose rápidamente en una de las disciplinas favoritas del público por su espectacularidad y la facilidad con que puede entenderse sin conocer los tecnicismos del deporte.