El slopestyle es la disciplina más técnica del snowboard de freestyle. A diferencia del halfpipe, donde el recorrido es siempre el mismo, en el slopestyle los riders deben dominar una gran variedad de obstáculos y adaptarse a cada recorrido específico.
El recorrido
Un recorrido de slopestyle combina varios tipos de obstáculos dispuestos en una ladera:
- Kickers: rampas de salto que permiten ganar altura y realizar trucos en el aire. Un recorrido puede tener entre 2 y 4 secciones de kickers de diferentes tamaños.
- Rails: barras de metal sobre las que el rider desliza la tabla. Pueden ser rectos, curvados, en S o en forma de escalera.
- Boxes y tabletops: superficies planas de madera o nieve sobre las que se deslizan.
- Wallrides: paredes verticales que los riders tocan con la tabla en pleno vuelo.
La FIS diseña los recorridos para que sean diferentes en cada prueba, lo que exige a los riders adaptarse y pensar su estrategia de bajada para cada competición.
Las dos bajadas
En la final del slopestyle, cada rider dispone de dos bajadas (runs) puntuadas. Solo cuenta la nota de la mejor de las dos. Esta regla da margen para asumir riesgos: si la primera bajada va bien, el rider puede intentar algo aún más difícil en la segunda; si la primera va mal, tiene una segunda oportunidad para recomponerse.
Cómo sumar puntos
Para conseguir una nota alta, los riders deben:
- Hacer trucos distintos en cada elemento del recorrido (variedad).
- Elegir los trucos más difíciles que son capaces de ejecutar con control.
- Aterrizar con limpieza y fluidez para poder encadenar bien el siguiente elemento.
- Mantener la velocidad durante toda la bajada sin pausas ni tropiezos.
La nota final la decide un panel de jueces que puntúa de 0 a 100, teniendo en cuenta la bajada como un conjunto global y no solo los trucos individuales.