En el mundo del deporte, la innovación suele fluir de los deportes más poderosos y con más recursos hacia los menos populares. El béisbol profesional americano, con sus cientos de millones de dólares en ingresos, debería ser el que marque el camino reglamentario, y el softbol, históricamente tratado como el “hermano menor”, debería seguirlo.
Pero en al menos un aspecto fundamental, la dirección fue exactamente la contraria.
El problema de los partidos eternos en béisbol
Uno de los debates más longevos del béisbol es el de la duración excesiva de los partidos. Un partido de béisbol de la MLB puede durar fácilmente entre 3 y 4 horas, y en las entradas extra (cuando el partido está empatado al final de las 9 entradas reglamentarias) la duración puede extenderse indefinidamente.
Los partidos de mayor duración en la historia de la MLB han durado más de 7 horas con muchas entradas extra. En las ligas menores, se conocen casos de partidos jugados durante varios días en sesiones distintas. El béisbol clásico, sin reloj, puede ser infinito.
Durante décadas, la MLB buscó maneras de acelerar las entradas extra sin alterar demasiado la esencia del juego. La solución que encontraron no era nueva: la llevaba aplicando el softbol internacional desde hacía décadas.
Lo que el softbol ya sabía
La International Softball Federation (ISF) introdujo el sistema de desempate internacional (international tiebreaker) en las competiciones internacionales de softbol durante los años ochenta. La regla era simple y efectiva: al inicio de cada entrada extra, el equipo atacante comienza con un corredor ya situado en segunda base, sin haber bateado nadie.
El resultado es que prácticamente cada entrada extra tiene posibilidades inmediatas de anotar. Los partidos de softbol rara vez se extienden más de dos o tres entradas extra. El sistema funciona.
Pero durante décadas, el béisbol ignoró esta solución. El softbol era el deporte menor, el que aprendía del béisbol, no el que enseñaba. Adoptar una regla del softbol habría supuesto reconocer que el “deporte menor” tenía algo que enseñar, algo que la cultura del béisbol tradicional no estaba dispuesta a aceptar fácilmente.
2020: la MLB finalmente copia al softbol
En 2020, con la temporada de la MLB acortada por la pandemia de COVID-19, los dirigentes del béisbol americano introdujeron varias normas experimentales para acelerar el juego. Una de ellas fue exactamente la regla del softbol: corredor en segunda base al inicio de cada entrada extra.
La norma fue recibida con mezcla de críticas y aprobación. Los puristas del béisbol la consideraron una traición a la esencia del juego. Los pragmáticos y los defensores del ritmo de partido señalaron que funciona exactamente como prometía: los partidos se resuelven antes, las entradas extra son más emocionantes desde el primer momento.
Cuando la MLB la adoptó permanentemente en 2022, estaba reconociendo implícitamente que el softbol había encontrado antes la solución correcta.
La primera base naranja: otra lección del softbol
No es la única norma de seguridad y ritmo que el softbol ha exportado al béisbol. La primera base doble (una almohadilla naranja en territorio de foul junto a la base blanca habitual) lleva décadas siendo estándar en el softbol de competición para reducir las colisiones entre el corredor y el defensor en primera base.
El béisbol tardó mucho más en adoptarla, y aún no es universal en todos los niveles. Pero las ligas que la han implementado han reportado una reducción significativa de lesiones en las jugadas de primera base.
El softbol, el deporte que el béisbol nunca ha reconocido como su igual, ha sido durante décadas un laboratorio de innovaciones reglamentarias que el béisbol ha acabado adoptando cuando ya no tenía otra opción. Es una ironía que la comunidad del softbol celebra con discreción y justa satisfacción.