En la historia del deporte olímpico, son contadísimos los atletas que han ganado una medalla de oro en dos ediciones de los Juegos separadas por más de una década. Para conseguirlo hay que combinar talento excepcional, disciplina de hierro, longevidad física extraordinaria y la suerte de que el deporte esté en el programa olímpico en los momentos adecuados.
Yukiko Ueno lo hizo. Y lo hizo en el softbol.
Pekín 2008: la maratón de una pitcher
En los Juegos de Pekín 2008, Yukiko Ueno era ya la mejor pitcher de Japón y una de las mejores del mundo. Pero lo que hizo en aquellos Juegos superó cualquier expectativa y cualquier precedente en la historia del deporte.
A lo largo del torneo, Ueno acumuló una cantidad absurda de trabajo: más de 400 outs registrados en varios días consecutivos, equivalente a más de 130 entradas lanzadas. El calendario del torneo, con varios partidos en pocos días, la colocó en una situación donde Japón dependía de ella de manera casi exclusiva.
La final llegó el 21 de agosto. Ueno había lanzado en prácticamente todos los partidos previos. Su cuerpo debería haber estado agotado. Sin embargo, salió al círculo del pitcher para enfrentarse a la mejor selección de softbol del mundo, la que había ganado los tres oros olímpicos anteriores sin perder casi ningún partido.
Y Japón ganó 3-1. Ueno fue la figura del partido y de todo el torneo. En Japón, su imagen lanzando en la final de Pekín se convirtió en una de las fotografías deportivas más icónicas de la primera década del siglo XXI.
Los doce años de espera
Cuando el softbol fue excluido de los Juegos Olímpicos en 2012 y 2016, Ueno siguió jugando. Año tras año, temporada tras temporada, compitiendo en la Japan Softball League con su equipo Toyota, siendo la mejor pitcher de Japón y una de las mejores del mundo, sin poder demostrar su nivel en el escenario olímpico.
Muchos pensaron que cuando el softbol regresara a los Juegos, Ueno ya habría pasado el pico de su carrera. Era inevitable: doce años es mucho tiempo para cualquier atleta de élite.
Tokio 2020: el regreso con 38 años
Cuando el softbol volvió al programa olímpico en Tokio 2020 (celebrado en 2021), Yukiko Ueno tenía 38 años. No era la pitcher de todos los partidos como en Pekín: el equipo japonés había incorporado una nueva generación de lanzadoras. Pero Ueno seguía siendo una jugadora de alto nivel, capaz de lanzar entradas decisivas cuando el partido lo requería.
Y el partido más decisivo del torneo llegó en la final, de nuevo contra Estados Unidos. Japón ganó 2-0. Ueno participó en el partido, sumando su contribución al segundo oro olímpico japonés.
La imagen de Ueno celebrando el oro en Tokio, en su propio país, con 38 años y 13 años después de Pekín, fue uno de los momentos más emotivos de aquellos Juegos. Una veterana que había seguido trabajando durante los doce años de exclusión olímpica del softbol, esperando su segunda oportunidad.
El legado
La historia de Yukiko Ueno es también la historia del softbol japonés y de lo que significa la excelencia en un deporte que el gran público no sigue de manera habitual. Sus dos oros olímpicos en circunstancias tan distintas (la explosión física de los 25 años en Pekín frente a la veteranía calculada de los 38 en Tokio) la convierten en una figura irrepetible.
En Japón, Ueno es un icono nacional del deporte femenino. En la comunidad del softbol mundial, es la demostración de que este deporte produce atletas de una dedicación y una longevidad extraordinarias.