Entre 1996 y 2004, la selección americana de softbol femenino construyó uno de los registros de dominación más extraordinarios de la historia olímpica. Tres ediciones de los Juegos, tres medallas de oro, y en la última de ellas, la actuación colectiva más perfecta que se ha visto en el softbol olímpico.
El contexto: el nacimiento de un deporte olímpico
Cuando el softbol debutó como deporte olímpico en Atlanta 1996, Estados Unidos era el favorito indiscutible. El dominio americano en el Campeonato Mundial femenino había sido casi total desde los años sesenta, y la selección llegaba a Atlanta con la mejor generación de jugadoras que el deporte había producido.
El torneo inaugural reunió a ocho selecciones. Estados Unidos no perdió ni un partido y ganó el oro con solvencia. Fue el comienzo de una era.
Sydney 2000: el segundo oro con dificultades
En Sydney 2000, Estados Unidos llegó de nuevo como favorito. Pero el torneo demostró que la hegemonía americana, aunque sólida, no era invulnerable. Australia derrotó a Estados Unidos en la fase de grupos, la primera derrota americana en un torneo olímpico de softbol. Las americanas reaccionaron y ganaron el oro final, pero la derrota ante la anfitriona mostró que el nivel global del softbol femenino estaba creciendo.
El segundo oro consolidó a Estados Unidos como la potencia dominante del deporte, pero también envió una señal a otros países: era posible ganarles, al menos en partidos de fase de grupos sin eliminación directa.
Atenas 2004: la perfección absoluta
El torneo de Atenas 2004 es el momento más extraordinario de la historia del softbol olímpico americano. Con un equipo renovado que incluía a la generación de Jennie Finch y Cat Osterman junto a las veteranas Lisa Fernandez y Crystl Bustos, Estados Unidos realizó un torneo sin precedentes:
- 9 partidos jugados
- 9 victorias
- 0 carreras concedidas en todo el torneo
No una sola carrera concedida en nueve partidos olímpicos, frente a las mejores selecciones del mundo. El pitcheo (con Finch, Fernandez y Osterman rotando según el rival) fue sencillamente inalcanzable. El sistema defensivo detrás del pitcher fue perfecto. Y el equipo anotó suficientes carreras para ganar todos los partidos con comodidad.
Es difícil exagerar lo extraordinario de este registro. En cualquier torneo de equipo al más alto nivel, conceder cero carreras en nueve partidos contra rivales de primer nivel es estadísticamente casi imposible. Que se produjera en los Juegos Olímpicos, frente a las mejores selecciones del mundo, lo convierte en un logro único en la historia del deporte.
El final de la hegemonía: Pekín 2008
La hegemonía americana terminó en Pekín 2008, cuando Japón derrotó a Estados Unidos en la final (3-1) gracias a la actuación épica de Yukiko Ueno. Fue la primera derrota americana en una final olímpica de softbol, y marcó el inicio de una nueva era donde el duelo USA-Japón sustituía a la dominación absoluta americana.
Los tres oros consecutivos (1996-2004) permanecen como el registro más impresionante de la historia del softbol olímpico, un estándar de excelencia que las generaciones posteriores del softbol americano tienen como referencia y aspiración.