Hay actuaciones deportivas que se pueden medir con estadísticas. Y hay actuaciones que van más allá de cualquier número, que pertenecen a esa categoría de hazañas que el deporte produce muy de vez en cuando y que no se pueden explicar solo con datos.
La actuación de Yukiko Ueno en el torneo de softbol de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 es ambas cosas al mismo tiempo.
El formato que lo hizo posible (y exigente)
El torneo de softbol de Pekín 2008 se disputó con un formato de doble eliminación en algunas de sus fases, lo que significaba que los equipos que perdían un partido tenían una segunda oportunidad para seguir en la competición. Este formato tiene la ventaja de reducir la influencia del azar en la clasificación (una sola derrota no elimina), pero tiene el coste de generar más partidos en total.
Para Japón, que quería llegar a la final a cualquier precio, el formato implicó jugar varios partidos en días consecutivos con poco tiempo de recuperación. Y como la selección japonesa dependía fundamentalmente de Ueno como pitcher principal, el peso del torneo recayó sobre sus hombros de manera desproporcionada.
Los números: más de 400 outs en varios días
A lo largo del torneo, Yukiko Ueno registró más de 400 outs en su trabajo como pitcher. Convertido en entradas (cada entrada tiene 3 outs del equipo contrario), esto equivale a más de 130 entradas y media de pitcheo en un período de menos de dos semanas.
Para contextualizar: un pitcher de béisbol de la MLB que complete 200 entradas en una temporada de seis meses es considerado un “caballo de batalla”. Ueno hizo más de 130 entradas en días. Es un volumen de trabajo que en el béisbol moderno haría saltar todas las alarmas de protección del brazo.
El pitcheo de softbol por abajo, sin embargo, genera un patrón de tensión muscular diferente al pitcheo por arriba del béisbol. Los expertos señalan que el movimiento por debajo del hombro crea menos estrés en el manguito rotador y el codo, lo que permite a los pitchers de softbol soportar cargas de trabajo que serían imposibles en béisbol. Aun así, lo de Ueno en Pekín fue absolutamente excepcional incluso para los estándares del softbol.
La final: el partido de la historia
El 21 de agosto de 2008, Japón y Estados Unidos se midieron en la final del torneo olímpico de softbol. Estados Unidos llegaba con tres oros olímpicos consecutivos, con las mejores pitchers del mundo (Finch, Osterman, Abbott) y con la reputación de la selección imbatible en las fases decisivas.
Ueno, que había lanzado el día anterior en el partido de repechaje que llevó a Japón hasta la final, salió al círculo. Nadie que la hubiera visto los días anteriores habría apostado por ella a nivel físico: tenía acumuladas más horas de pitcheo que cualquier pitcher del mundo en un período equivalente.
Lo que siguió fue el momento más épico de la historia del softbol olímpico. Ueno pitcheó los nueve innings de la final con precisión, con movimiento, con variedad de pitches. Las bateadoras americanas, algunas de las mejores del mundo, no pudieron resolver su pitcheo.
Japón ganó 3-1. Era el primer oro olímpico japonés en softbol, conseguido frente a la selección dominante del deporte, por una pitcher que había lanzado más innings en ese torneo de los que la mayoría lanzan en una temporada completa.
El significado del récord
La actuación de Ueno en Pekín 2008 no es solo un récord de resistencia: es una declaración sobre lo que es posible cuando la determinación supera los límites que la lógica impondría. En términos de volumen de pitcheo en competición olímpica, nadie ha igualado lo que Ueno hizo en Pekín, y es probable que nadie lo iguale en mucho tiempo.
El récord vive en la memoria colectiva del softbol internacional como uno de esos momentos que definen un deporte: no la estadística en sí, sino lo que representa sobre el carácter de quien lo logró y la naturaleza de un deporte capaz de producir historias así.