El arbitraje en el squash tiene características únicas derivadas de la naturaleza del deporte: las dos personas juegan en el mismo espacio reducido, la interferencia es habitual, y muchas decisiones requieren un juicio rápido sobre situaciones muy complejas.
El árbitro de silla
En los partidos profesionales de squash, el responsable de todas las decisiones de juego es el árbitro de silla, que se sitúa en una posición elevada con visión de toda la pista (generalmente a través del techo de cristal en las pistas de exhibición, o en una cabina lateral en pistas convencionales).
El árbitro de silla decide:
- Si los saques son válidos.
- Si la pelota está dentro o fuera de las líneas.
- Si la pelota tocó el tin.
- Si conceder let, stroke o negar la petición en casos de interferencia.
- Si la pelota tocó al jugador antes de llegar a la pared frontal.
El marcador
Junto al árbitro de silla, el marcador tiene la función de anunciar en voz alta el resultado de cada punto y el marcador actual del partido. En el squash profesional, el marcador anuncia tras cada punto quién saca, desde qué lado y el resultado acumulado.
Esta función, aparentemente secundaria, es crucial para que los jugadores y el público sigan el partido con claridad, especialmente porque en el PAR el saque cambia constantemente de manos.
El árbitro único
En torneos de nivel menor y en el squash recreativo, es habitual el sistema de árbitro único o incluso la ausencia total de árbitro. Los jugadores gestionan sus propias decisiones, acordando entre ellos si hay let o si una pelota fue válida.
La cultura del squash pone un énfasis especial en el fair play: se espera que los jugadores sean honestos sobre las situaciones que les favorecen, especialmente cuando no hay árbitro presente.
La revisión de vídeo
En los torneos más importantes de la PSA, existe la posibilidad de revisión de vídeo para algunas decisiones concretas, principalmente si la pelota tocó el tin o si estuvo dentro de las líneas en golpes que pasaron muy cerca. Esta herramienta la usa el árbitro de silla, generalmente por propia iniciativa cuando la situación es dudosa.
No existe un sistema formal de desafíos por parte de los jugadores (como el Hawk-Eye del tenis), aunque la tecnología de vídeo ha mejorado significativamente la calidad de las decisiones en el circuito profesional.