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Sumo

El deporte nacional de Japón: luchadores colosales, rituales milenarios y combates de una intensidad única en el dohyo.

Los extranjeros en el sumo: mongoles, hawaianos y europeos

La historia de los luchadores extranjeros en el sumo profesional japonés: desde los primeros hawaianos hasta la dominación mongola y los europeos del Este.

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El sumo es el deporte nacional de Japón, pero sus campeones más dominantes de los últimos treinta años han venido de Mongolia. La historia de los extranjeros en el sumo es fascinante, llena de talentos extraordinarios, tensiones culturales y una transformación que nadie predijo.

Los pioneros hawaianos

Los primeros extranjeros que irrumpieron con fuerza en el sumo moderno fueron los hawaianos. Hawaii tiene una cultura polinesia de atletismo físico y lucha que generó varios luchadores de enorme tamaño y potencia. Los más conocidos fueron:

Konishiki Yasokichi fue el más pesado y el primero de los hawaianos en llegar al rango de ozeki, siendo señalado como posible yokozuna pero bloqueado según muchos analistas por criterios extradeportivos.

Akebono Taro se convirtió en 1993 en el primer yokozuna no nacido en Japón, rompiendo una barrera histórica. Su victoria sobre Konishiki en la carrera hacia el rango supremo fue uno de los momentos más comentados del sumo de los años 90.

Musashimaru Kozanari fue el segundo yokozuna hawaiano, coronado en 1999. Su dominio junto a los yokozunas japoneses de la época configuró uno de los períodos más competitivos del sumo moderno.

La llegada de Mongolia

La presencia mongola en el sumo comenzó a principios de los años 1990, impulsada por el impulso del yokozuna Asahifuji, que visitó Mongolia en gira y quedó impresionado por el bokh (lucha tradicional mongola). Los primeros luchadores mongoles llegaron a las heya tokiotas y comenzaron una sucesión que no ha terminado.

Asashoryu fue el detonante. Su dominio entre 2003 y 2010 fue absoluto, ganando 25 yusho y siendo el primer yokozuna mongol. Su carisma agresivo y su estilo de lucha demoledor lo convirtieron en un fenómeno, aunque también generó controversia por su comportamiento fuera del dohyo.

Los europeos del Este

Mientras Mongolia dominaba los rangos más altos, varios europeos del Este construyeron carreras notables en el sumo. Bulgaria, Georgia y Estonia han producido luchadores que han alcanzado el ozeki o el alto maegashira, demostrando que el talento para el sumo no es exclusivo de Asia.

Kotooshu (del nombre de lucha del búlgaro Kaloyan Mahlyanov) fue el primer europeo en ganar un basho, haciéndolo en el Natsu Basho de 2008. Tochinoshin (el georgiano Levan Gorgadze) llegó al ozeki. Estos logros ampliaron definitivamente el mapa del sumo mundial.

La regla del extranjero único

La Japan Sumo Association ha respondido a la dominación extranjera con la regla de limitar a un solo luchador no japonés por heya. Esta regla ha generado debates sobre si el sumo puede legítimamente restringir el talento internacional en un deporte que quiere mantener su identidad cultural japonesa. Los defensores argumentan que sin ella el sumo perdería completamente su carácter japonés; los críticos señalan que es una restricción discriminatoria en un deporte que se presenta como abierto.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos yokozunas extranjeros ha habido en la historia del sumo?
Hasta la fecha ha habido diez yokozunas nacidos fuera de Japón. Los hawaianos Akebono (68.º yokozuna) y Musashimaru (67.º) fueron los primeros en el siglo XX. Desde entonces, los mongoles han dominado: Asashoryu (68.º), Hakuho (69.º), Harumafuji (70.º), Kakuryu (71.º) y Terunofuji (73.º) son todos de origen mongol. Esta proporción de yokozunas extranjeros en las últimas décadas es el cambio más significativo en la historia del sumo moderno.
¿Es difícil para un extranjero entrar en el sumo profesional japonés?
Entrar en el sumo profesional como extranjero requiere ser aceptado por una heya, que solo puede tener un luchador extranjero bajo su techo (regla de la Japan Sumo Association). Además, la mayoría de los extranjeros deben comprometerse a aprender japonés, a vivir en la heya con todas sus normas y a adaptarse al estilo de vida del sumo japonés. Para alcanzar los rangos más altos, los luchadores extranjeros deben obtener la ciudadanía japonesa o al menos la residencia permanente, lo que implica un compromiso total con el país y su cultura.

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