En el circuito profesional de tenis, las superficies son tres: tierra batida, cemento y hierba. La tierra batida es la más extendida en torneos, el cemento domina el circuito interior y los grandes eventos norteamericanos y australianos, y la hierba… la hierba es casi exclusivamente Wimbledon. De los cuatro Grand Slams, solo el torneo londinense se disputa sobre esta superficie, y en el calendario ATP y WTA los torneos de hierba son una rareza de pocas semanas al año. La pregunta es obvia: ¿por qué?
La respuesta más simple es que el tenis nació en la hierba. Cuando Walter Clopton Wingfield patentó un juego de raquetas al aire libre en 1874 y lo llamó Sphairistike (pronto rebautizado como lawn tennis, tenis de jardín), la hierba era la única superficie disponible para practicarlo. El primer torneo de Wimbledon en 1877 fue un evento de hierba porque no existía otra opción. La pregunta no es por qué Wimbledon mantiene la hierba, sino por qué los demás torneos la abandonaron.
La transición al cemento y la arcilla
A lo largo del siglo XX, los torneos de tenis fueron adoptando superficies más baratas de mantener y más resistentes al clima. La hierba requiere un cuidado intensivo, es sensible a la lluvia y tiene una vida útil corta bajo el uso continuado. El cemento y la arcilla son más económicos, más consistentes y se pueden cubrir con mayor facilidad. Para la mayoría de los clubes y los organizadores de torneos, la transición fue una decisión puramente práctica.
Wimbledon se podía permitir no hacer esa transición. El All England Club es una institución con recursos económicos suficientes para mantener sus 18 pistas de hierba en condiciones perfectas, con un equipo de jardinería especializado que trabaja durante todo el año. Además, la hierba es parte del ADN del torneo: cambiarla sería como cambiar el código de vestimenta blanco o el protocolo real. La tradición tiene un valor de marca que supera cualquier consideración práctica.
La hierba y el juego: una lógica táctica propia
La hierba cambia radicalmente las reglas tácticas del tenis. El bote bajo y rápido premia el servicio: en Wimbledon, los partidos con muchos aces y golpes ganadores directos tras el saque son mucho más frecuentes que en cualquier otra superficie. Los jugadores con mejor servicio —Goran Ivanisevic, Pete Sampras, Boris Becker, John Isner— han encontrado en Wimbledon un terreno especialmente favorable.
La volea, casi en extinción en el tenis moderno, sigue teniendo valor en hierba. Subir a la red después del servicio (serve and volley) es una táctica que en tierra batida o cemento moderno suele penalizarse, pero que en hierba mantiene cierta eficacia porque el rebote bajo dificulta los passing shots del rival. Esto da a Wimbledon un sabor clásico que recuerda al tenis de décadas anteriores.
El fenómeno Wimbledon: tradición como identidad
Más allá de la superficie, Wimbledon ha construido una identidad cultural única entre los Grand Slams. El código de vestimenta blanco riguroso, las fresas con nata, la presencia de la familia real británica, la Cola (el sistema de espera que permite a miles de personas acceder sin entrada previa a las pistas exteriores), la pausa por lluvia bajo cubierta en la pista central… Todo forma parte de un relato coherente que convierte el torneo en algo más que una competición deportiva.
La hierba es el elemento material que ancla toda esa tradición. Sin ella, Wimbledon sería un Grand Slam más. Con ella, es el Grand Slam más antiguo del mundo y el único que ha mantenido su superficie original durante casi 150 años.