Pete Sampras fue el mejor tenista del mundo durante la mayor parte de los años noventa y uno de los cinco o seis jugadores más grandes en la historia del tenis masculino. Nacido el 12 de agosto de 1971 en Washington D.C., ganó 14 títulos de Grand Slam, fue número 1 del mundo durante 286 semanas y construyó una relación con Wimbledon —donde ganó en siete ocasiones— que lo convierte en uno de los dos o tres tenistas más exitosos en la historia del torneo más prestigioso del mundo.
Los inicios en California: el talento natural
Sampras creció en el área de Los Ángeles y comenzó a jugar al tenis de niño en las pistas del barrio. Su progresión fue constante pero no fue un prodigio precoz de la misma manera que algunos de sus contemporáneos. Lo que se hizo evidente muy pronto fue la calidad de su saque —incluso de adolescente, su brazo derecho generaba una velocidad y un efecto en el servicio que sus entrenadores nunca habían visto— y una compostura bajo presión que en un adulto habría sido ya impresionante.
A los diecinueve años ganó su primer Grand Slam, el US Open de 1990, en una actuación que incluyó victorias sobre Ivan Lendl y John McEnroe. Ese primer título anunciaba a alguien diferente.
El saque: la mejor arma individual de la historia del tenis
El saque de Sampras es considerado por muchos expertos el mejor de la historia del tenis masculino: un primer servicio que combinaba velocidad (regularmente por encima de 220 km/h), efecto y precisión de colocación de una manera que hacía al retorno prácticamente imposible en los momentos clave. Ese saque era su arma más letal en hierba, donde la bola bota rápida y baja, pero también en cemento.
La técnica de Sampras al servicio era analizada en academias de tenis de todo el mundo como el modelo de perfección: la elevación del tiro, el giro del hombro, el contacto con la bola en el punto más alto del arco. Todo funcionaba como un mecanismo de relojería ajustado hasta el último milímetro.
Los siete Wimbledon: el rey de la hierba
La relación de Sampras con Wimbledon es la más dominante que ningún jugador del siglo XX tuvo con ningún Grand Slam. Ganó el torneo en siete ocasiones entre 1993 y 2000, incluyendo cuatro títulos consecutivos entre 1997 y 2000. En la hierba del All England Club, su saque era prácticamente inatacable y su red game —la capacidad de subir a la red y ganar el punto con la volea— era de una excelencia técnica que las nuevas generaciones de jugadores de base de fondo nunca pudieron replicar.
La rivalidad con Agassi: el estilo contra el poder
La gran rivalidad de Sampras fue con Andre Agassi, su compatriota americano y antítesis perfecta como tenista y como persona. Donde Sampras era discreto, preciso y basado en el juego ofensivo desde el saque, Agassi era llamativo, brillante desde la línea de fondo y un especialista en el retorno. Sus enfrentamientos —especialmente las finales de Grand Slam— fueron algunos de los mejores partidos del tenis de los años noventa.
La victoria de Sampras en el US Open de 2002, la última de su carrera y ante el propio Agassi en la final, fue uno de los finales más poéticos en la historia del tenis: el último capítulo de una rivalidad épica, resuelto en el escenario donde Sampras había ganado su primer Grand Slam doce años antes.