Serena Williams es la tenista más dominante de la era abierta y una de las figuras más importantes en la historia de cualquier deporte de raqueta. Nacida el 26 de septiembre de 1981 en Saginaw, Michigan, ganó 23 títulos de Grand Slam en individuales y transformó el tenis femenino de una manera que ninguna jugadora antes ni después ha replicado: con una potencia física, un saque demoledor y una mentalidad competitiva que redefinieron lo que era posible hacer en una pista de tenis.
Compton y el padre-entrenador: una historia americana
La historia de Serena —y de su hermana Venus— comienza en Compton, el barrio de Los Ángeles que es sinónimo de dificultad social y que es el lugar menos probable del mundo para que surja la mejor tenista del planeta. Su padre, Richard Williams, decidió que sus hijas serían campeonas de tenis antes de que aprendieran a jugar y construyó un plan de entrenamiento que ejecutó en las pistas públicas del barrio, sin recursos especiales y con una determinación que sus hijas asumieron como algo natural.
Esa historia de origen —las pistas de Compton, el padre-entrenador autodidacta, las condiciones de entrenamiento modestas— es parte inseparable de la leyenda de Serena y fue llevada al cine en la película King Richard (2021).
La potencia que cambió el tenis femenino
Cuando Serena irrumpió en el circuito a finales de los noventa, el tenis femenino ya había visto a jugadoras poderosas —Steffi Graf, Monica Seles— pero nadie había combinado la velocidad del saque, la potencia de la derecha y la resistencia física de la manera en que Serena lo hacía. Su primer servicio superaba regularmente los 200 km/h, una velocidad que muchos tenistas masculinos de segunda fila no alcanzaban.
Esa potencia, combinada con una mentalidad de lucha que la hacía especialmente peligrosa cuando el partido parecía perdido, convirtió a Serena en la referencia absoluta del tenis femenino durante dos décadas.
Los 23 Grand Slams: un palmarés histórico
Los 23 Grand Slams de Serena distribuyen por las cuatro superficies del tenis: ganó en cemento (Abierto de Australia y US Open), en hierba (Wimbledon) y en tierra batida (Roland Garros). Esa versatilidad es la prueba más sólida de su grandeza: no era una especialista de una superficie sino la mejor jugadora del mundo en todas.
Uno de sus títulos más significativos fue el Abierto de Australia de 2017, que ganó mientras estaba embarazada de su hija Olympia sin saberlo. Ese título tiene un valor especial que va más allá de las estadísticas.
El legado: más que el tenis
Serena Williams es hoy una figura que trasciende el tenis. Como empresaria, ha invertido en docenas de startups tecnológicas y liderado iniciativas de capital riesgo. Como activista, ha hablado públicamente sobre racismo, sexismo y discriminación en el deporte y en la sociedad. Y como madre, ha navegado los desafíos del posparto y la maternidad en el deporte de élite de una manera que ha resonado con millones de mujeres en todo el mundo. Su legado es tan grande fuera de la pista como dentro.