El lob es la respuesta táctica por excelencia cuando el rival está en la red y el jugador necesita superar su posición ventajosa. La trayectoria alta y profunda de la pelota obliga al jugador de red a retroceder rápidamente o a ver cómo la bola cae dentro de la pista sin que pueda alcanzarla. Cuando se ejecuta bien, el lob invierte completamente la dinámica del punto.
Existen dos tipos principales. El lob defensivo se usa en situaciones de apuro: el rival ha llegado a la red con una bola atacante y el defensor necesita tiempo para recuperarse. La pelota sube muy alta y aterriza profunda, obligando al adversario a bajar de la red y reencauzar el punto. El lob ofensivo, en cambio, se ejecuta con topspin y es mucho más rápido: cae más corto y rebota alto y hacia delante, haciendo casi imposible que el rival retroceda a tiempo para jugarla.
El lob tiene una dimensión especialmente dramática en los partidos de dobles, donde los jugadores están casi siempre en la red y cualquier globo bien ejecutado puede romper la estructura del equipo contrario. Figuras como Arantxa Sánchez Vicario o Monica Seles utilizaron el lob como herramienta táctica fundamental en sus carreras. En el tenis actual, jugadores de fondo como Rafael Nadal han demostrado ser capaces de ejecutar lobs perfectos incluso bajo máxima presión, convirtiendo un punto aparentemente perdido en un winner.