Hay pocas historias en el deporte español tan consistentes y tan poco conocidas fuera del mundo del triatlón como la de la escuela española de triatlón. Desde finales de los años noventa, España ha producido de forma casi ininterrumpida campeones mundiales y medallistas olímpicos en distancia olímpica, situándose como la nación más exitosa de la historia de la modalidad. La historia comienza con Iván Raña, alcanza su cima con Javier Gómez Noya y continúa con una cantera que sigue dando frutos en el circuito mundial.
El triatlón llegó a España a mediados de los años ochenta, de la mano de aficionados al running y el ciclismo que buscaban nuevos retos. Las primeras competiciones se organizaron en la costa catalana y en las Islas Canarias, aprovechando el clima y la orografía favorable. La Federación Española de Triatlón se constituyó en 1989, el mismo año que la Internacional, y comenzó un proceso de desarrollo que en pocos años daría sus primeros frutos en el circuito mundial.
Iván Raña: el precursor
A principios de los años 2000, un triatleta gallego llamado Iván Raña irrumpió en el circuito mundial con una potencia en carrera a pie que desequilibraba cualquier carrera. Raña fue subcampeón del mundo en 2001 y 2002 antes de ganar el título mundial en Queenstown, Nueva Zelanda, en 2003. Su estilo, basado en una transición de natación a bicicleta muy potente y una carrera explosiva, anticipaba las características que definirían a la escuela española de triatlón.
Raña nunca ganó una medalla olímpica —fue cuarto en Atenas 2004—, pero su influencia en el desarrollo del triatlón español fue determinante. Demostró que se podía llegar a la cima del mundo desde España, allanando el camino para los que vendrían después.
Javier Gómez Noya: el mejor de la historia
Con la retirada progresiva de Raña, la antorcha pasó a un joven triatleta pontevedrés llamado Javier Gómez Noya. Lo que vino después fue una de las carreras deportivas más brillantes en la historia del deporte de resistencia español. Entre 2008 y 2015, Gómez Noya ganó cinco títulos mundiales en distancia olímpica —2008, 2010, 2011, 2013 y 2015— con un estilo técnicamente impecable que combinaba una natación de alto nivel con una capacidad táctica excepcional en bicicleta y una carrera demoledora.
En los Juegos de Londres 2012, Gómez Noya ganó la medalla de plata, derrotado en los metros finales por el sudafricano Alistair Brownlee en una de las llegadas más emocionantes de la historia olímpica. En Río 2016, fue bronce. Pero más allá de los metales olímpicos, su palmarés en el circuito mundial no tiene parangón: ningún triatleta en la historia ha acumulado tantos títulos mundiales en distancia olímpica.
Una generación de referencia
El éxito español no fue un fenómeno individual. Junto a Gómez Noya, otros triatletas como Mario Mola —tres veces campeón del mundo entre 2016 y 2018— y Fernando Alarza —bronce en el Mundial de 2018— consolidaron la hegemonía española en la primera liga del triatlón mundial. En la categoría femenina, Ainhoa Murua fue durante años un referente en la larga distancia y Marina Damlaimcourt abrió el camino en el circuito olímpico.
La clave del éxito colectivo hay que buscarla en los grupos de entrenamiento de alto rendimiento que se formaron en Pontevedra, Madrid, Vitoria y las Canarias, donde los mejores triatletas españoles entrenaban juntos, se exigían mutuamente y compartían métodos que fueron elevando el nivel global del grupo. Este modelo de grupo de entrenamiento competitivo se convirtió en un ejemplo para otras naciones y en la base de la escuela española de triatlón que sigue produciendo talentos en el siglo XXI.