Edwin Moses: el rey invicto de los 400 metros vallas
Si tuviéramos que elegir el dominio más absoluto de una disciplina de velocidad en la historia del atletismo, la respuesta sería casi unánime: Edwin Corley Moses en los 400 metros vallas. 122 carreras consecutivas sin perder, entre agosto de 1977 y junio de 1987. Casi diez años en los que ningún corredor del mundo fue capaz de cruzar la meta antes que él.
El camino de Dayton, Ohio a Montreal
Edwin Moses nació el 31 de agosto de 1955 en Dayton, Ohio. Era un estudiante brillante —terminó la carrera de Física y Matemáticas en el Morehouse College de Atlanta— que llegó al atletismo de forma relativamente tardía para el alto rendimiento. No era una estrella juvenil ni había sido reclutado por los mejores programas universitarios de atletismo.
Llegó a los Juegos Olímpicos de Montreal 1976 con apenas 20 años de experiencia competitiva. Nadie esperaba gran cosa de él en los 400m vallas. Lo que sucedió en la final del 25 de julio de 1976 fue una de las sorpresas olímpicas de la historia: Moses ganó el oro con 47.64 segundos, nuevo récord del mundo, dejando muy atrás a los favoritos.
La técnica imposible de copiar
La clave del dominio de Moses era su técnica de los 13 pasos entre vallas. En los 400m vallas, la distancia entre cada obstáculo es de 35 metros. Los corredores habituales completan esa distancia con 14 o 15 pasos. Moses, con 1,88 metros de altura y proporciones físicas únicas, la completaba con 13, lo que significaba que llegaba siempre a la misma pierna de ataque a cada valla, sin necesidad de ajustar ni alternar.
Esta ventaja era inimitable: ningún otro velocista del mundo tenía las proporciones correctas para copiar su técnica. Para los rivales, enfrentarse a Moses era como intentar batir a alguien que jugaba con reglas diferentes.
Además, Moses era un estudiante del atletismo en el sentido más literal. Su formación científica le llevó a analizar su propia biomecánica con una precisión inusual en la época, optimizando cada aspecto de su carrera de forma sistemática.
Los 122 victorias: la racha que define un deporte
La racha comenzó el 26 de agosto de 1977 en Westwood, California, y terminó el 4 de junio de 1987 en Madrid, cuando el también americano Danny Harris le venció en la línea de llegada por centésimas de segundo.
Durante esos 9 años, 9 meses y 9 días, Moses no solo ganó 122 veces: también bajó el récord del mundo en varias ocasiones. Su mejor marca personal fue 47.02 segundos (Koblenz, 1983).
La racha incluye:
- Los Campeonatos del Mundo de Helsinki 1983 (oro)
- Los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984 (oro)
- Decenas de Grand Prix y reuniones internacionales
Y excluye lo que habría sido casi con certeza el tercer título olímpico: Moscú 1980, donde Estados Unidos no participó por el boicot americano.
El drama del boicot de Moscú
El 27 de julio de 1980, en el Estadio Lenin de Moscú, se disputó la final de 400m vallas sin el campeón olímpico reinante y récordman del mundo. La victoria fue para Volker Beck de Alemania Oriental con 48.70, un tiempo que Moses habría destrozado sin ningún esfuerzo.
Moses habló años después sobre el boicot con ecuanimidad, aunque reconociendo la frustración de no poder defender un título que era objetivamente suyo. “El atletismo te da y te quita”, dijo en una entrevista. “La política no debería tener nada que ver con el deporte, pero siempre acaba entrando.”
Seúl 1988: el bronce a los 32 años
Después de Los Ángeles 1984 y la pérdida de su racha invicta en 1987, Moses siguió compitiendo. En los Juegos Olímpicos de Seúl 1988, a los 32 años, ganó la medalla de bronce con 47.56, detrás de André Phillips (EE.UU.) y Amadou Dia Bâ (Senegal). Una demostración de longevidad extraordinaria.
El legado: mentor y activista antidopaje
Moses siempre fue un férreo defensor de la limpieza en el atletismo. Ya en la época de Ben Johnson, se pronunció públicamente contra el dopaje y apoyó los controles más estrictos. Fue elegido presidente de la Fundación United States Anti-Doping Agency (USADA), lo que habla de su reputación en el mundo del deporte limpio.
Su influencia sobre generaciones de vallistas ha sido enorme: los entrenadores de Edwin Moses han formado a atletas que forman a otros atletas. Su legado técnico y ético en los 400m vallas es tan importante como sus victorias.