Wayde van Niekerk: la carrera más asombrosa de la historia
El 14 de agosto de 2016, en el Estadio Olímpico João Havelange de Río de Janeiro, sucedió algo que el atletismo todavía intenta procesar. Wayde van Niekerk, un sudafricano de 24 años entrenado por una señora de 74, corrió los 400 metros en 43.03 segundos. Era el nuevo récord del mundo. Pero no era solo el tiempo lo que dejó al mundo sin palabras: era cómo lo había conseguido.
El carril 8: correr a ciegas
En una final olímpica de 400m, los mejores tiempos de semifinal obtienen los carriles centrales. Van Niekerk llegó al carril 8, el más exterior. Esto significa:
- El escalonado (stagger) le coloca muy adelantado respecto al resto de corredores al inicio.
- Durante prácticamente toda la primera curva y la primera recta, el corredor del carril 8 no puede ver a ningún rival.
- Solo cuando entra en la segunda curva comienza a tener referencias visuales de sus competidores.
Correr 400m desde el carril 8 equivale a correr una carrera completamente a ciegas durante más de la mitad del recorrido. La regulación del esfuerzo, sin poder ver si vas adelantado o retrasado respecto a los rivales, es enormemente difícil. Los mejores corredores de 400m del mundo suelen preferir los carriles centrales precisamente por esto.
Van Niekerk pasó los primeros 200m en 19.96 segundos y los completó en 43.03. Una distribución perfecta del esfuerzo, completada sin referencias externas. Los expertos la consideran la ejecución táctica más perfecta en la historia de los 400m.
El récord que destrozó la historia
El récord anterior era de 43.18 segundos, establecido por Michael Johnson en el Campeonato del Mundo de Sevilla en 1999. Ya en ese momento se consideraba inalcanzable. El de Kevin Young (46.78, Barcelona 1992) había tardado 7 años en caer. El de Michael Johnson tardó 17 años en caer. Van Niekerk lo mejoró en 0.15 segundos.
Los números de la carrera de Río:
- Distancia completada a máxima velocidad
- División 200m: 19.96 / 23.07
- Tiempo de reacción: 0.131 segundos
- Carril: 8 (el más exterior)
Para contextualizar: el segundo clasificado de esa final, Kirani James (Granada), corrió en 43.76. La diferencia fue de 0,73 segundos en una prueba de menos de 44 segundos. Van Niekerk no ganó la carrera: la aplastó.
La entrenadora de 74 años
Uno de los elementos más hermosos de la historia de Van Niekerk es su entrenadora: Anna “Tannie” Botha, que en el momento de Río tenía 74 años y comenzó a entrenar a Van Niekerk cuando este tenía 16 y se presentó en su pista sin que nadie le hubiera enviado.
Botha era una entrenadora veterana de atletismo en Bloemfontein que aplicaba métodos tradicionales y ponía el foco en la técnica y la paciencia. La imagen de los dos —la anciana sudafricana y el campeón olímpico abrazándose en la pista de Río— es una de las más emotivas del atletismo moderno.
El espejo familiar
Van Niekerk es de origen mixto: su padre es negro y su madre es de ascendencia afrikáner blanca. En la Sudáfrica post-apartheid, su historia personal es un símbolo de la nueva nación. Creció en Paarl, cerca de Ciudad del Cabo, y su ascenso representó también el de una Sudáfrica que buscaba referentes positivos en el deporte.
La lesión que casi lo truncó todo
En octubre de 2017, apenas catorce meses después de Río, Van Niekerk participó en un partido de rugby benéfico en Ciudad del Cabo. Durante el partido, sufrió una caída que le provocó una rotura del ligamento cruzado anterior y otros daños en la rodilla derecha. La cirugía fue exitosa pero la recuperación fue lenta.
Se perdió toda la temporada 2018 y la mayor parte de 2019. Su regreso al más alto nivel fue gradual y marcado por las dudas sobre si la rodilla aguantaría la exigencia de los 400m a máxima intensidad.
El regreso y las perspectivas
Van Niekerk regresó a los Juegos Olímpicos de Tokio 2021, pero lejos de su mejor versión: quedó eliminado en semifinales. Los años posteriores han mostrado a un atleta intentando recuperar la forma que le llevó a Río 2016.
La pregunta que el atletismo se hace es si Van Niekerk tiene todavía la capacidad de correr más rápido que su récord de Río. Los que le conocen bien dicen que sí: que el 43.03 no era su límite, sino el punto al que llegó en un día perfecto. Si la rodilla le respeta, el 43.00 —e incluso el 42.xx— podría estar al alcance.