Tony Azevedo es el waterpolista norteamericano más importante de la historia y uno de los mejores jugadores en la posición de boya que ha dado el deporte a nivel mundial. Nacido el 21 de agosto de 1982 en Santa Bárbara, California, de padre brasileño con raíces en el waterpolo de Brasil, Azevedo eligió representar a Estados Unidos y construyó una carrera de veinte años al más alto nivel que incluyó cinco participaciones olímpicas y el reconocimiento generalizado de los mejores entrenadores del mundo.
Orígenes: el waterpolo en la familia
La historia deportiva de Tony Azevedo comienza en su familia. Su padre, José Azevedo, fue jugador de waterpolo en Brasil y fue quien introdujo a Tony en el deporte desde la infancia. Crecer en California, con acceso a las instalaciones y la cultura deportiva del estado americano con mayor tradición en deportes acuáticos, proporcionó a Azevedo el entorno necesario para desarrollar sus cualidades.
En la Universidad de Stanford, uno de los programas universitarios de waterpolo más prestigiosos de Estados Unidos, Azevedo terminó de formarse como jugador de élite. La competencia interna del programa stanford, el nivel de los rivales universitarios y el acceso a entrenadores de primer nivel le dieron el sustrato técnico y táctico sobre el que construiría su carrera profesional.
Cinco Juegos Olímpicos: la longevidad como marca
La participación de Azevedo en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000, con solo dieciocho años, marcó el inicio de una relación con el evento más importante del deporte que se extendería durante dieciséis años. En cada edición olímpica, Azevedo fue la pieza central del equipo norteamericano, el jugador sobre quien recaía la mayor responsabilidad ofensiva y la referencia a quien los rivales diseñaban sus estrategias defensivas.
Esta longevidad —cinco Juegos en cinco convocatorias consecutivas— es un mérito que va mucho más allá del talento puro. Exige una dedicación al mantenimiento físico, una adaptación táctica a los cambios del juego y una motivación para competir que pocas personas en cualquier deporte son capaces de sostener durante más de quince años.
El mejor boya de su época
En el waterpolo de alto nivel, la posición de boya es quizá la más exigente en términos de contacto físico y resistencia a la presión. El boya juega de espaldas al portero rival, recibe balones con defensores empujando, jalando y presionando constantemente, y debe decidir en décimas de segundo si lanzar, girar o distribuir el juego. Azevedo dominaba ese escenario con una naturalidad que los especialistas del deporte consideraban excepcional.
Sus lanzamientos de backhand —con la mano no dominante— eran particularmente temidos. Podía convertir en gol situaciones en que cualquier otro boya habría perdido el balón o lanzado sin peligro. Esa versatilidad técnica, combinada con una inteligencia para leer la posición defensiva, lo convirtió en el mejor jugador de su posición durante una década.
El legado: el waterpolo más allá de Europa
El impacto más duradero de Tony Azevedo puede que sea su contribución a la visibilidad del waterpolo en un mercado donde el deporte compite con cientos de alternativas deportivas. En Estados Unidos, el waterpolo no tiene la presencia mediática que tiene en Hungría, Serbia, Croacia o España. Azevedo, con sus actuaciones olímpicas y su imagen pública, fue durante años la cara que ponía el waterpolo en la conversación deportiva norteamericana, abriendo puertas para el deporte en un mercado que el waterpolo europeo necesitaba cultivar.