La boya es la posición más interior y especializada del sistema ofensivo en waterpolo. El jugador de boya se sitúa frente a la línea de los 2 metros, de espaldas a la portería rival y cara a cara con su defensor. Su función principal es ganar posición sobre ese defensor para recibir pases cómodos, distribuir el juego a los compañeros y buscar el lanzamiento en situaciones favorables o provocar faltas que deriven en exclusión o penalti.
La eficacia de un boya depende en gran medida de su capacidad para trabajar físicamente con el rival: usar el cuerpo para crear distancia, girar para recibir en posición de lanzamiento y aguantar la presión sin perder la posición. Es una de las posiciones más exigentes físicamente del waterpolo, ya que implica un duelo físico constante con el defensor asignado, normalmente el jugador más robusto del equipo rival. La regla de la falta de 2 metros está directamente relacionada con esta posición, ya que es el boya quien más frecuentemente provoca o sufre este tipo de sanción.
Desde el punto de vista táctico, el boya es la referencia del sistema ofensivo. El resto del ataque se organiza en torno a él: los extremos buscan ángulos de pase, los perímetros generan superioridades numéricas y el boya decide si jugar de frente, distribuir o solicitar el pase en el momento óptimo. Los equipos con un boya dominante —capaz de recibir, girar y lanzar con potencia— tienen una ventaja significativa en el uno contra uno más cercano a portería.