El lanzamiento seco es la técnica de disparo más utilizada en waterpolo y la que produce mayor porcentaje de goles en competición. El jugador eleva el cuerpo sobre el nivel del agua mediante el treading —el movimiento de piernas en bicicleta o similar a la patada de tijera— saca el brazo dominante por encima de la superficie y ejecuta un lanzamiento directo y explosivo hacia la portería. El balón va tenso, sin bote previo, lo que le da su nombre: «seco».
La técnica del lanzamiento seco requiere coordinar la elevación del cuerpo con la mecánica del hombro y el brazo. Cuanto más alto saque el lanzador el codo sobre el agua, mayor será el ángulo de visión sobre la portería y más difícil resultará al portero leer la dirección del disparo. La velocidad de la muñeca en el momento del lanzamiento es determinante para la potencia final: los jugadores de élite masculinos pueden alcanzar velocidades de balón superiores a los 80-90 km/h, haciendo prácticamente imposible la reacción del portero si el tiro va colocado.
El lanzamiento seco puede ejecutarse de múltiples formas según la situación: parado en el agua, en movimiento lateral, tras recibir un pase, en salto, o girando sobre el eje para cambiar el ángulo. La variante en salto —elevarse al máximo y lanzar en el punto más alto— es especialmente eficaz porque maximiza el ángulo sobre la portería. Dominar el lanzamiento seco con ambas manos es un objetivo de entrenamiento en las academias de waterpolo de alto nivel, aunque la mayoría de los jugadores tienen una mano claramente dominante.