El campo de juego del waterpolo se delimita dentro de una piscina con medidas reglamentadas por la World Aquatics (antes FINA). Las dimensiones oficiales para competición internacional son 30 metros de longitud y 20 metros de anchura, aunque el reglamento permite un rango entre 25 y 30 metros de largo y entre 10 y 20 metros de ancho para otras categorías. La profundidad mínima es de 1,80 metros, condición indispensable para que los jugadores no puedan tocar el fondo con los pies durante el juego.
El campo de juego se señaliza dentro del agua mediante líneas de colores. La línea blanca divide el campo por la mitad. Las líneas rojas marcan los 2 metros ante cada portería, definiendo la zona de mayor restricción para los defensores. Las líneas amarillas indican los 5 metros, desde donde se lanzan los penaltis. Las porterías miden 3 metros de ancho y 90 centímetros de alto sobre la línea del agua, y están ancladas a los muros o al bordillo de la piscina.
La temperatura del agua en competición oficial debe situarse entre 26 y 28 grados centígrados, lo que garantiza condiciones óptimas para el rendimiento de los jugadores. La iluminación debe ser uniforme y suficiente para que los árbitros y los jugadores puedan seguir el balón en todo momento. En los grandes eventos internacionales, las piscinas se instalan a veces en espacios no convencionales —arenas al aire libre, recintos temporales— lo que añade variaciones en condiciones como el viento o la luz natural.