El pressing en waterpolo es una estrategia defensiva de alta intensidad en la que el equipo defensor no se repliega en bloque ante su portería sino que sale a presionar al poseedor del balón y a los receptores potenciales en todo el campo. El objetivo es forzar errores en el pase o recuperar la posesión lejos de la propia portería, convirtiendo la defensa en el punto de partida de un ataque rápido o un contraataque.
El pressing exige una gran coordinación entre los defensores: si uno presiona mal o deja un hueco, el rival puede superarlo con un pase al espacio y generar una situación de clara superioridad. Por eso el pressing sistemático requiere confianza mutua, comunicación y un alto nivel físico, ya que nadar a alta intensidad en modo defensivo durante toda la posesión rival es agotador. Los equipos que lo aplican suelen hacerlo en momentos concretos del partido, no como sistema permanente durante los cuatro cuartos.
Los entrenadores de élite utilizan el pressing selectivamente: en los últimos minutos cuando se va perdiendo por poco, en los inicios de cuarto para sorprender al rival, o como recurso puntual para romper el ritmo de un adversario cómodo en su ataque posicional. Los jugadores más rápidos y resistentes del equipo suelen ser los que más presionan, mientras que el portero necesita estar preparado para actuar como último recurso si la presión es superada y el rival llega en ventaja numérica.