El tiempo de posesión, conocido en inglés como shot clock, es una regla fundamental del waterpolo que limita a 30 segundos el tiempo disponible para que el equipo con el balón realice un lanzamiento a portería. Si el contador llega a cero sin que se haya producido ningún tiro, la posesión pasa automáticamente al equipo rival. Esta regla es esencial para mantener el ritmo del juego e impedir que los equipos puedan mantener la posesión indefinidamente sin intención de atacar.
El reloj de posesión se reinicia en varias situaciones: cuando el equipo recupera el balón tras una parada del portero, cuando se concede una falta a favor, cuando se saca de esquina o de portería, y cuando el balón golpea el poste o el larguero y el atacante recupera la posesión. En este último caso, el equipo atacante recibe una nueva posesión completa de 30 segundos, lo que puede ser determinante en momentos críticos del partido.
La gestión del tiempo de posesión es un aspecto táctico fundamental. Los equipos que van ganando pueden optar por consumir tiempo con circulaciones largas de balón, forzando al rival a abrir su defensa. Los que van perdiendo en los últimos minutos deben equilibrar la necesidad de lanzar rápido con la de crear una situación de calidad. La transición entre el tiempo de posesión propio y el ajeno —el momento en que la defensa debe organizarse en pocos segundos— es uno de los retos tácticos más exigentes que afrontan los equipos de waterpolo de élite.