El atletismo parece un deporte muy directo —corres, saltas o lanzas lo más que puedes—, pero tiene una complejidad técnica y de planificación que los principiantes suelen subestimar. Estos son los errores más frecuentes y cómo evitarlos.
No elegir especialidad y entrenar todo a la vez
El atletismo engloba disciplinas muy distintas que requieren cualidades físicas diferentes y a veces opuestas. Un velocista necesita potencia explosiva; un corredor de fondo necesita resistencia aeróbica. Intentar entrenar velocidad, fondo, saltos y lanzamientos a la vez es una receta para no mejorar en nada. El primer paso es elegir la especialidad que más se adapta a tus características y preferencias, y concentrar el entrenamiento en ella.
Entrenar sin entrenador
En atletismo la técnica es fundamental y muy específica: la mecánica de carrera en velocidad, la salida de tacos, el impulso en longitud, la rotación en disco… Todos estos gestos técnicos requieren supervisión para aprenderse correctamente. Un principiante que entrena solo sin retroalimentación técnica puede pasar meses repitiendo errores que le limitan y le exponen a lesiones. Un entrenador de club corrige en minutos lo que uno solo tardaría en descubrir.
Ignorar el trabajo de fuerza complementario
Muchos principiantes en atletismo creen que entrenar su disciplina específica es suficiente. Sin embargo, el trabajo de fuerza —sentadillas, ejercicios de core, pliometría— es parte fundamental de cualquier programa atlético serio. Previene lesiones, mejora la potencia y la estabilidad. Los corredores de fondo que no hacen fuerza son mucho más susceptibles a lesiones como la fascitis plantar o el síndrome de la banda iliotibial.
Compararse con atletas avanzados desde el primer mes
En atletismo los tiempos, las marcas y los saltos son objetivos muy concretos y cuantificables. Esto es motivador, pero también puede generar frustración si un principiante se compara con atletas que llevan años entrenando. Los progresos iniciales son rápidos, pero las marcas de élite son el resultado de años de trabajo sistemático. Compite contigo mismo: cada marca que mejoras respecto a la anterior es un éxito real.
No calentar ni enfriar correctamente
El atletismo, especialmente la velocidad y los saltos, somete al sistema muscular a cargas explosivas muy intensas. Sin un calentamiento adecuado —trote progresivo, movilidad dinámica, ejercicios de técnica de carrera (skipping, talon-fesse, zancadas)— el riesgo de rotura muscular es muy alto. El enfriamiento (vuelta a la calma con trote suave y estiramientos) es igual de importante para facilitar la recuperación y reducir las agujetas.
El consejo final: si te estás planteando empezar en atletismo, ve directamente a un club. La diferencia entre entrenar solo con zapatillas en un parque y hacerlo con un entrenador en una pista de tartán con compañeros de nivel similar es enorme en términos de progresión, motivación y seguridad. La mayoría de clubs reciben a principiantes de cualquier edad con mucho gusto.