La participación española en el atletismo olímpico ha tenido momentos de gloria que han quedado grabados en la memoria del deporte nacional. Desde los pioneros que compitieron en los primeros Juegos del siglo XX hasta las medallas más recientes, el atletismo español ha logrado presencia en el podio olímpico en pruebas muy diversas: medio fondo, fondo de carretera, triple salto y vallas.
Los antecedentes: España en los primeros Juegos
España participó en los Juegos Olímpicos desde sus primeras ediciones modernas, aunque el atletismo nacional tardó en alcanzar el nivel de las grandes potencias. Durante décadas, los atletas españoles competían con dignidad pero sin aspirar a los podios, reservados para las potencias anglosajanas, africanas y de los países del este de Europa.
La situación comenzó a cambiar en los años ochenta, cuando el atletismo español empezó a producir fondistas capaces de competir al más alto nivel. El auge del fondo y medio fondo en España fue el primer síntoma de que algo estaba cambiando en la preparación y en el nivel general del atletismo nacional.
Barcelona 1992: el momento histórico de Fermín Cacho
El punto de inflexión absoluto llegó en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. En el Estadio Olímpico de Montjuïc, ante más de 60.000 espectadores entregados, el soriano Fermín Cacho corrió la final de los 1.500 metros con una táctica perfecta: aguantó el ritmo hasta el último momento y lanzó un esprint devastador que descolocó a los favoritos africanos. Cruzó la línea de meta en primer lugar y se convirtió en campeón olímpico en su propia tierra.
Aquella victoria fue mucho más que una medalla: fue el anuncio de que el atletismo español era capaz de competir y ganar en los Juegos. Cacho repitió el éxito relativo al lograr la plata en los 1.500 metros en los Juegos de Atlanta 1996, confirmando que su nivel no fue un accidente puntual.
Sídney 2000 y Atenas 2004: el fondo en carretera
En los años siguientes, el atletismo español encontró en las pruebas de fondo en carretera —maratón y marcha— una vía adicional de presencia olímpica. La marcha atlética, en sus pruebas de 20 km y 50 km, ha sido históricamente una especialidad en la que España ha contado con atletas de nivel internacional, como Jesús Ángel García Bragado, el marchador más longevo en participaciones olímpicas de la historia del atletismo español.
En maratón, atletas como Martín Fiz y Abel Antón —campeones del mundo en 1995 y 1997-1999 respectivamente— proyectaron al atletismo español al más alto nivel, aunque sus mejores actuaciones internacionales fueron en los campeonatos del mundo más que en los Juegos Olímpicos.
Tokio 2020: el bronce de Ana Peleteiro
En los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 (celebrados en 2021), el atletismo español volvió al podio olímpico gracias a Ana Peleteiro. La saltadora gallega conquistó la medalla de bronce en triple salto femenino con una marca de 14,87 metros, convirtiéndose en la primera española en ganar una medalla olímpica en pruebas de saltos. Su actuación en Tokio fue la culminación de años de trabajo técnico y de mejora progresiva, y situó a Peleteiro entre las mejores saltadoras del mundo.
París 2024: Asier Martínez y la continuidad del podio
En los Juegos de París 2024, Asier Martínez añadió otro capítulo memorable a la historia olímpica española al conquistar el bronce en 110 metros vallas. El navarro, especialista en vallas cortas y poseedor del récord de España en su prueba, demostró que el atletismo español puede competir al máximo nivel también en las pruebas de velocidad, históricamente dominadas por atletas norteamericanos y jamaicanos.
Un palmarés construido con constancia
El palmarés olímpico del atletismo español no es el de una gran potencia histórica, pero sí el de un país que ha sabido producir atletas de élite en distintas generaciones y en disciplinas variadas. Desde el oro de Cacho hasta los bronces de Peleteiro y Martínez, España ha demostrado que puede estar presente en los podios olímpicos cuando sus atletas alcanzan su mejor momento en la cita más importante del deporte mundial.