Los 400 metros lisos representan la prueba de velocidad más exigente que existe en pista. Combina la potencia explosiva de un velocista con la capacidad de sostener un ritmo elevado durante una vuelta completa al estadio. Por eso se la conoce popularmente como la “prueba del diablo”: exige todo al cuerpo sin dar margen al descanso.
La distancia de 400 metros se recorre íntegramente en carril individual, lo que significa que cada atleta corre solo en su calle desde el disparo inicial hasta cruzar la línea de llegada. Este requisito marca la principal diferencia respecto a pruebas de fondo, donde los atletas pueden cambiar de posición libremente.
Dado que la pista es ovalada, las salidas están escalonadas para compensar la diferencia de distancia entre los carriles interiores y exteriores. Esto garantiza que todos los participantes recorran exactamente 400 metros.
La salida y el uso de tacos
Los atletas usan tacos de salida fijados al suelo. La posición de salida es agachada, con ambas manos detrás de la línea. El árbitro da dos comandos: “a sus puestos” y luego el disparo del pistolete. Cualquier movimiento brusco antes del disparo activa el sensor de salida falsa.
La llegada y el cronometraje
La meta se determina por el torso del atleta, no por los brazos ni las piernas. En pruebas de alto nivel se utiliza fotofinish con precisión de milésimas de segundo. El tiempo oficial se registra desde el disparo hasta el cruce del pecho con la línea de llegada.