Historia del Campeonato Mundial de Balonmano
El Campeonato Mundial de Balonmano tiene una historia que se remonta a 1938, cuando se celebró la primera edición en Alemania. Sin embargo, aquella edición fue de campo (la versión exterior del deporte), y la modalidad de sala —el balonmano moderno que todos conocemos— tuvo su primer campeonato del mundo en 1954.
La Federación Internacional de Balonmano (IHF) organiza el torneo, que se ha convertido en uno de los eventos deportivos más seguidos de Europa y especialmente en los países donde el balonmano es deporte nacional: Alemania, Francia, España, Dinamarca, Noruega, Croacia y los países del norte de Europa.
Durante las décadas de los 70 y los 80, el campeonato estuvo dominado por las selecciones del bloque del Este: Yugoslavia, Rumania y la Unión Soviética fueron potencias habituales. La reunificación alemana, la caída de Yugoslavia y la irrupción de nuevas potencias como Francia y España transformaron el panorama a partir de los años 90.
Formato y sistema de competición
El Mundial de Balonmano masculino actual incluye 32 selecciones distribuidas en ocho grupos de cuatro equipos en la primera fase. Los dos mejores de cada grupo avanzan a la segunda fase principal (grupos de cuatro equipos con nuevos cruces), y de ahí se llega a los cuartos de final, semifinales y finales para definir los puestos del 1 al 8.
La duración del torneo es de aproximadamente tres semanas, con partidos disputados en múltiples ciudades del país o países organizadores. El sistema acumulativo de puntos de la primera a la segunda fase evita que los equipos que ya clasificaron se “guarden” para la fase siguiente, manteniendo la intensidad competitiva a lo largo de todo el torneo.
La clasificación para el Mundial se realiza a través de torneos continentales: el Campeonato de Europa, el Panamericano, el de Asia, el de África y el de Oceanía definen los representantes de cada confederación.
La hegemonía francesa y danesa
La historia reciente del balonmano masculino ha estado dominada por Francia y Dinamarca. Francia fue la gran potencia de los años 2000 y 2010, ganando seis títulos mundiales y siendo la selección más brillante de la historia del deporte en ese período. Con jugadores como Nikola Karabatic —considerado el mejor jugador de balonmano de todos los tiempos— Thierry Omeyer y Daniel Narcisse, el equipo galo fue prácticamente imbatible durante más de una década.
Dinamarca tomó el relevo a partir de 2019 y se ha consolidado como la gran potencia actual, con dos títulos mundiales consecutivos y una generación de jugadores extraordinarios liderada por Mikkel Hansen y posteriormente por Mathias Gidsel. El balonmano danés destaca por su sistema de formación, su velocidad de juego y su capacidad de adaptación táctica.
España tiene una de las trayectorias más brillantes: campeona en 2005 y 2013, con semifinales y finales frecuentes, la selección española ha sido uno de los referentes del deporte durante veinte años, con figuras como Demetrio Lozano, David Barrufet, Rafael Guijosa y posteriormente los Entrerríos, Corrales y Aguinagalde.
El balonmano en España y Europa
El Campeonato Mundial es el evento que más audiencia genera para el balonmano en los países con tradición en el deporte. En Alemania, las finales han llegado a acumular más de 15 millones de telespectadores. En Francia, el equipo nacional goza de una popularidad equivalente a la selección de fútbol. En España, las grandes actuaciones de la “Armada” en los mundiales han convertido al balonmano en uno de los deportes de equipo más seguidos.
El evento también ha contribuido a expandir el balonmano fuera de Europa. Torneos en Qatar (2015), Egipto (2021) y Croacia, Polonia y Suecia han dado al deporte mayor visibilidad en regiones donde antes era prácticamente desconocido, contribuyendo a su crecimiento global.