En la historia del balonmano mundial, pocos países han tenido una influencia tan constante y brillante como España. Desde los años noventa hasta la actualidad, el balonmano español ha producido clubs campeones de Europa, una selección que ha ganado Mundiales y un modelo de juego que ha influenciado a entrenadores de todo el continente. Esta es la historia de esa era dorada.
El Barça como pionero europeo
La historia moderna del balonmano español empieza en Barcelona, con un club que en los años noventa construyó uno de los equipos más poderosos de la historia del balonmano europeo. El FC Barcelona ganó su primera Copa de Europa de balonmano en 1991 y en los años siguientes acumuló títulos en la competición continental de una forma que no tenía precedentes.
Con entrenadores como Valero Rivera al frente y jugadores de la categoría de Demetrio Lozano, Mateu Garralda, Andrei Xepkin o David Barrufet bajo los palos, el Barça convirtió el Camp Nou del balonmano —el Palau Blaugrana— en una fortaleza imbatible. La ciudad condal se convirtió en el centro del balonmano europeo, y el modelo de gestión del club fue estudiado por el resto de Europa.
La selección que aprendió a ganar
El salto de España de potencia emergente a potencia mundial en balonmano coincidió con la llegada de Valero Rivera al banquillo de la selección. Bajo su dirección, España adoptó un sistema de juego basado en la defensa agresiva en 6-0, la transición rápida y un juego ofensivo colectivo y sin estrellas individuales que dependiesen de la inspiración del día.
El resultado llegó en 2005: España ganó su primer Campeonato del Mundo en Túnez, derrotando a Croacia en la final. Fue el inicio de una década y media en que la selección española no bajó del podio de las grandes competiciones. En 2013, con el Mundial jugado en casa, España volvió a proclamarse campeona del mundo ante una afición entregada.
El modelo español: defensa, transición y colectivo
Lo que más ha admirado el mundo del balonmano del modelo español no son tanto los títulos como la consistencia y el estilo. España nunca ha dependido de un superastro individual al estilo de Karabatic o Hansen. Su fuerza ha sido siempre colectiva: doce jugadores capaces de hacer los mismos movimientos, con una defensa coordinada que ahoga al rival y una transición ofensiva rapidísima.
Este modelo, desarrollado en la cantera del Barça y exportado a la selección, ha influenciado a generaciones de entrenadores en toda Europa. Países que han nombrado entrenadores españoles —Japón, Qatar, Emiratos Árabes— han intentado replicar ese sistema con distintos grados de éxito.
El legado en la liga y el futuro
El balonmano español sigue siendo una referencia mundial. La Liga ASOBAL es la competición nacional más fuerte de Europa, el Barça sigue ganando Champions League y la selección sigue compitiendo en las rondas finales de cada gran campeonato. La era dorada, lejos de cerrarse, continúa abierta.