Vicente Ferreira Pastinha nació en Salvador de Bahía el 5 de abril de 1889 y murió en la misma ciudad el 13 de noviembre de 1981. A diferencia de Mestre Bimba, que fue el reformador y el político de la capoeira, Pastinha fue su poeta y su filósofo: el hombre que convirtió la preservación de la tradición en una misión de vida y que dejó frases que hoy son parte del patrimonio espiritual de la capoeira.
La formación con el africano Benedito
Pastinha aprendió capoeira de niño, alrededor de los diez años, de manos de un africano llamado Benedito. La historia de este aprendizaje es parte del folklore capoeirista: el niño Vicente era pequeño y débil, y era frecuentemente golpeado por un muchacho mayor. Benedito le vio y le ofreció enseñarle a defenderse. Lo que Benedito le enseñó no era la capoeira modernizada que empezaría a desarrollar Bimba poco después, sino la capoeira de tradición africana, la que se practicaba en los barrios populares de Salvador de Bahía desde hacía generaciones.
Pastinha practicó durante décadas sin particular reconocimiento público, trabajando como artesano y como pintor de miniaturas. Era un hombre letrado —a diferencia de muchos capoeiristas de su generación— y reflexivo, que pensaba en su arte tanto como lo practicaba. Su momento de reconocimiento llegó cuando ya era mayor de 50 años.
El Centro Esportivo de Capoeira Angola
En los años 1940, un grupo de mestres angoleiros preocupados por la expansión de la Regional de Bimba y el riesgo de que la tradición original se perdiera buscaron a Pastinha y le pidieron que abriera una academia donde se preservara la capoeira en su forma más tradicional. Pastinha aceptó y en 1941 fundó el Centro Esportivo de Capoeira Angola en el Pelourinho, el casco histórico de Salvador.
El Centro Esportivo se convirtió en un referente mundial. Allí acudían investigadores, artistas y capoeiristas de todo el mundo para aprender la Angola de la fuente. Pastinha recibió a figuras como el escritor Jorge Amado, fue invitado a festivales internacionales de arte y folclore, y en 1966 viajó a Dakar, Senegal, para representar a Brasil en el Festival Mundial de Arte Negro. Este viaje al África que era el origen cultural de la capoeira fue uno de los momentos más emotivos de su vida.
El filósofo de la capoeira
Lo que distingue a Pastinha de otros mestres es la dimensión filosófica de su legado. Sus frases —breves, paradójicas, llenas de sabiduría— se han convertido en parte de la tradición oral de la capoeira. “Capoeira é para homem, menino e mulher; só não aprende quem não quer” (La capoeira es para hombres, niños y mujeres; solo no aprende quien no quiere). “Capoeira Angola: o corpo todo é cabeça” (Capoeira Angola: todo el cuerpo es cabeza). Estas máximas resumen en pocas palabras filosofías enteras sobre el arte, el aprendizaje y la vida.
Pastinha escribió también el único libro que existe de su puño y letra sobre la Capoeira Angola, publicado en 1964, en el que intentó sistematizar su visión del arte sin reducirlo a un manual técnico. El libro es un texto híbrido —parte filosofía, parte historia, parte poesía— que refleja la personalidad única de su autor.
El trágico final
Como Bimba, Pastinha sufrió un final injusto. En sus últimos años fue desalojado del local de su academia por las autoridades municipales de Salvador, que alegaron razones de reforma urbanística del Pelourinho. El mestre, ya anciano y con la vista muy deteriorada, no pudo reabrir la academia en otro local. Murió el 13 de noviembre de 1981, ciego y en condiciones de extrema pobreza, en un asilo. Tenía 92 años. El reconocimiento póstumo llegó tarde pero fue masivo: hoy su imagen es omnipresente en la capoeira mundial y sus frases se repiten en academias de los cinco continentes.