Lynn Hill nació el 27 de enero de 1961 en Detroit, Michigan, y creció en California. Con 1,55 metros de estatura y un cuerpo que en los años 80 muchos consideraban “poco escalador” para las grandes vías, Hill demostró que los prejuicios sobre el cuerpo femenino y la escalada eran exactamente eso: prejuicios sin fundamento. Y lo demostró con la hazaña más impresionante de la historia del deporte: la liberación de la Nose.
Los inicios en la escalada californiana
Hill empezó a escalar en el sistema universitario de California, conectando con la comunidad escaladora de los años 70 cuando la cultura de Yosemite todavía tenía el aura romántica de sus años dorados. Progresó rápidamente y a principios de los años 80 era ya una de las mejores escaladoras del mundo, con un nivel técnico que la ponía en la élite no solo femenina sino global.
Durante los años 80, Hill fue pionera de la escalada deportiva de dificultad, compitiendo en el circuito internacional emergente y ganando múltiples títulos cuando las competiciones todavía se celebraban en paredes de roca exterior. Su técnica en los movimientos de dedos y su capacidad de leer la roca la distinguían de prácticamente todos sus contemporáneos.
El Gran Techo: el problema imposible
La Nose de El Capitan tiene un paso que durante años se consideró el límite absoluto de lo posible en escalada libre: el Gran Techo (Great Roof), un techo horizontal de unos 30 metros que se extiende sobre el vacío. Las mejores mentes de la escalada del momento habían intentado escalarlo en libre y habían concluido que los movimientos necesarios, en el techo con la gravedad actuando hacia abajo sobre el cuerpo del escalador, eran humanamente imposibles.
Lynn Hill pensaba de otra manera.
La liberación de la Nose: septiembre de 1993
Hill llegó a Yosemite en septiembre de 1993 con el proyecto de escalar la Nose en libre de principio a fin. Conocía la ruta, había trabajado los movimientos difíciles y tenía un plan. En cuatro días de escalada, junto a un compañero de cuerda, completó los 31 largos y más de 900 metros de desnivel de la Nose sin usar nunca la ayuda artificial para progresar.
Cuando terminó, pronunció las palabras que se convertirían en uno de los eslóganes más famosos de la historia de la escalada: “It goes, boys” (“se puede, chicos”). Una frase que resumía en tres palabras décadas de dudas y un logro que había superado lo que cualquier hombre había conseguido.
La repetición en menos de 24 horas (1994)
Al año siguiente, 1994, Hill volvió con un objetivo más ambicioso: repetir la ascensión libre de la Nose en menos de 24 horas. Lo logró. Completó la ruta entera en 23 horas con el mismo estilo impecable de la primera vez. Este récord tardó años en mejorarse.
El muro de lo que es posible en escalada libre en grandes paredes se había desplazado de manera irreversible gracias a una escaladora de 1,55 metros de Sacramento.
El impacto en la escalada femenina
La importancia de Lynn Hill no es solo deportiva: es cultural. Su demostración de que una mujer podía alcanzar y superar el nivel de los mejores hombres en la hazaña más exigente de su deporte fue un golpe definitivo a la idea de que la escalada femenina tenía un techo propio, inferior al masculino.
Generaciones de escaladoras se formaron con la historia de Hill como referencia y como inspiración. Muchas de las grandes figuras de la escalada femenina actual citan a Hill como una de las razones por las que se tomaron en serio el deporte y creyeron que los límites no tenían género.
El legado
Décadas después de su hazaña, Lynn Hill sigue siendo un referente activo en la escalada mundial. Su libro de memorias “Climbing Free” (2002) es una de las mejores descripciones de la cultura escaladora de los años 80 y 90. Habla, escribe y practica con la misma pasión que la llevó al techo de El Capitan en septiembre de 1993.