La rodilla del judoka está sometida a cargas únicas: las técnicas de proyección requieren un pivot explosivo sobre una rodilla semi-flexionada mientras el oponente ejerce fuerza en sentido contrario. Esta combinación de carga axial y rotación hace que el menisco y los ligamentos del judoka sean especialmente vulnerables.
Por qué el judo lesiona la rodilla
El mecanismo fundamental es el pivote bajo carga: para ejecutar técnicas como o-goshi, harai-goshi o seoi-nage, el judoka gira el cuerpo 180° apoyado sobre la pierna de apoyo mientras el oponente tira o resiste. El menisco medial queda comprimido y rodado entre los cóndilos en un movimiento que puede superar su resistencia.
En el ne-waza (técnicas de suelo), la rodilla pasa por rangos extremos de flexión en posición de guardia, guard pass y control que sobrecargan las estructuras posteriores de la articulación.
Adicionalmente, el judogi (traje) permite al oponente agarrar la pierna durante la ejecución de algunas llaves de puntería, generando fuerzas impredecibles sobre la rodilla del ejecutante.
Lesiones más habituales
Rotura de menisco medial: la más común. Aparece dolor en la interlínea medial, crujido al rotar la rodilla y posible bloqueo articular (incapacidad de extender completamente la rodilla). El test de McMurray es el más específico para confirmar la sospecha.
Esguince de LCI (ligamento colateral interno): producido por un valgo forzado durante un kuzushi o una caída mal absorbida. Genera dolor medial difuso y laxitud en valgo.
Rotura de LCA: menos frecuente que en el fútbol pero presente, especialmente en recepciones de caída con la rodilla en extensión y rotación interna del fémur. El derrame articular aparece en 2-4 horas.
Condromalacia rotuliana: desgaste del cartílago de la rótula por el trabajo repetitivo de seiza y técnicas que cargan la rodilla en flexión. Produce el clásico dolor anterior que empeora al bajar escaleras o al levantarse tras estar sentado.
Diagnóstico
La resonancia magnética es el estándar para confirmar la lesión y planificar el tratamiento. La ecografía puede detectar lesiones de LCI y tendones patelares, pero no el interior articular.
Tratamiento
Rotura de menisco: artroscopia con meniscectomía parcial (6-8 semanas de recuperación) o sutura meniscal si la zona es vascularizada y el judoka es joven (4-6 meses).
Esguince de LCI grado I-II: tratamiento conservador con fisioterapia, 3-6 semanas. El grado III puede requerir inmovilización temporal.
Rotura de LCA: reconstrucción quirúrgica con injerto, retorno al tatami a los 9-12 meses con rehabilitación completa y trabajo propioceptivo específico para el judo.
Prevención
- Técnica de ukemi: la caída controlada protege también la rodilla al distribuir el impacto
- Calentamiento de rodilla: movilizaciones en todos los planos y activación de cuádriceps e isquiotibiales antes del randori
- Fortalecimiento de isquiotibiales: su papel como agonistas del LCA es fundamental; el judo tiende a generar mayor desarrollo del cuádriceps que de los isquiotibiales
- Rodilleras neopreno: dan sensación propioceptiva y calor a la articulación en sesiones largas, aunque no previenen roturas ligamentosas