El sistema de cinturones es uno de los elementos más reconocibles del karate y de muchas otras artes marciales japonesas. Fue introducido por Jigoro Kano, el fundador del judo, a finales del siglo XIX como sistema pedagógico para organizar los niveles de progresión de sus alumnos. Antes de ello, en el karate de Okinawa no existía un sistema de graduación visual: el maestro conocía el nivel de cada alumno por observación directa. Gichin Funakoshi adoptó el sistema de kyu y dan cuando introdujo el karate en el Japón continental, y desde entonces se convirtió en un estándar del arte.
El cinturón no es solo un símbolo de nivel técnico: en la filosofía marcial japonesa representa el camino recorrido por el practicante y los valores que ha ido interiorizando. La leyenda —aunque probablemente apócrifa— de que el cinturón blanco original se volvía marrón y luego negro con los años de sudor y uso sin lavarse tiene un significado simbólico: el practicante comienza blanco, puro e ignorante, y con los años de práctica oscurece su cinturón con la experiencia acumulada. El cinturón negro no significa haber terminado de aprender; significa haber aprendido lo suficiente para empezar a aprender de verdad.
Los grados de dan del cinturón negro tienen sus propios niveles de reconocimiento. El primer dan (shodan) es el inicio; el cuarto y quinto dan son los grados que suelen corresponder a instructores con experiencia; el séptimo, octavo y noveno dan son honores reservados a maestros de décadas de práctica y contribución al karate; el décimo dan (judan) ha sido concedido a muy pocas personas en toda la historia del karate, y solo a título póstumo en algunos casos. La posibilidad de obtener un décimo dan reconocido por todas las organizaciones es prácticamente inexistente en el karate moderno.