Las técnicas de patada, o geri-waza, son uno de los elementos que hacen del karate un arte marcial visualmente impactante y tácticamente complejo. Las piernas son los miembros más largos y fuertes del cuerpo humano, y el karate las convierte en herramientas de ataque precisas y potentes que alcanzan distancias que los puñetazos no pueden cubrir. La riqueza del repertorio de patadas del karate —patadas frontales, circulares, laterales, traseras, saltadas y en pivote— permite atacar desde ángulos muy diversos y dificulta enormemente la defensa del rival.
El mae-geri, la patada frontal, es la primera patada que aprende cualquier karateka principiante y también una de las más difíciles de perfeccionar: requiere elevar la rodilla de forma explosiva, extender el pie hacia el objetivo con control y velocidad, y retirarlo de inmediato a la posición de guardia para no quedar expuesto. El mawashi-geri, la patada circular, es la más puntuada en el kumite moderno porque puede alcanzar la cabeza del rival generando gran fuerza a través del arco circular que describe el pie. La mecánica del mawashi-geri exige una apertura de cadera considerable y una coordinación precisa entre la rotación del pie de apoyo, el levantamiento de la rodilla y el lanzamiento circular del pie hacia el objetivo.
Las patadas saltadas —mae-tobi-geri, tobi-mawashi-geri— tienen el mayor valor de puntuación en el kumite (ippon, 3 puntos) porque combinan la dificultad técnica con el riesgo: al saltar, el karateka pierde temporalmente su base de apoyo y queda más expuesto a contraataques. Cuando se ejecutan con éxito, sin embargo, son emocionalmente devastadoras para el rival y a menudo decisivas para el resultado del combate. En el kata, las patadas saltadas representan los momentos más dramáticos y exigentes de las secuencias más avanzadas.