El sistema de dan es la expresión formal de la maestría en el karate. Una vez alcanzado el cinturón negro —el primer dan o shodan, que significa literalmente “primer escalón”— el practicante entra en una nueva fase de su camino marcial en la que el aprendizaje ya no se mide por técnicas dominadas sino por la profundidad de comprensión, la capacidad de enseñar y la contribución al arte. Paradójicamente, muchos karatekas con el cinturón negro recién obtenido sienten que ahora empiezan a ver la vastedad de lo que no saben, una sensación que los maestros consideran la primera señal real de progreso verdadero.
La estructura de dan refleja la filosofía japonesa de la progresión continua y la humildad permanente. El 2.º dan (nidan) y el 3.º (sandan) son los grados de los practicantes sólidos con varios años de experiencia postcinturón negro. El 4.º (yondan) y el 5.º (godan) corresponden a instructores reconocidos con una comprensión técnica profunda. El 6.º (rokudan) y el 7.º (shichidan) son ya grados de maestros con décadas de práctica y dedicación al arte. Y los tres últimos grados —hachidan, kudan y judan— son honores de vida entera que reconocen a quienes han dedicado su existencia al karate y han contribuido a su preservación y difusión.
El décimo dan es el grado más alto posible y su concesión es extraordinariamente rara. En el karate Shotokan, Gichin Funakoshi —el padre del karate moderno— fue elevado póstumamente a un nivel de maestría que se considera equivalente. En la mayoría de organizaciones serias, el 10.º dan no se concede en vida porque hacerlo implicaría que el recipient ha alcanzado la perfección, un concepto contrario a la filosofía del “do” o camino, que por definición no tiene final. El dan más alto que suele concederse en vida es el noveno, y los titulares de este grado son contados en todo el mundo.