El sensei es la figura central de la transmisión del karate. En la estructura jerárquica del dojo, el sensei no es simplemente un entrenador que enseña técnicas: es el guardián y transmisor de una tradición, un modelo de conducta y una guía en el camino marcial. La relación entre sensei y alumno (kohai o deshi) es una de las más significativas en la cultura marcial japonesa, comparable en su intensidad y duración a la relación entre padre e hijo. El sensei se responsabiliza del desarrollo técnico, físico y también del carácter de sus alumnos.
La jerarquía de títulos en el karate japonés es más compleja que solo “sensei”. Por encima del sensei están el renshi (instructor certificado experto), el kyoshi (maestro avanzado) y el hanshi (maestro superior), títulos que solo se otorgan a altos rangos de cinturón negro con décadas de práctica y docencia. El término senpai designa al alumno más senior dentro del grupo, el que lleva más tiempo en el dojo, que tiene la responsabilidad de apoyar al sensei en la enseñanza de los más nuevos. Esta cadena de transmisión —del hanshi al sensei, del sensei al senpai, del senpai al kohai— es la estructura que ha mantenido vivo el karate durante generaciones.
En occidente, el término sensei se usa a veces de forma más laxa para referirse a cualquier instructor de artes marciales japonesas, independientemente de su grado o titulación. Pero en el karate más tradicional, el título implica una responsabilidad seria: el sensei moldea no solo las técnicas sino el carácter de sus alumnos durante años o décadas. Los grandes maestros del karate del siglo XX —Gichin Funakoshi, Mas Oyama, Hirokazu Kanazawa— son venerados como sensei en el sentido más profundo del término, no solo por su habilidad técnica sino por la calidad de los practicantes que formaron.