Los tsuki, o técnicas de puñetazo, son una de las tres grandes familias técnicas del karate junto a los geri (patadas) y los uke (bloqueos). En el kihon, la práctica del tsuki ocupa un lugar central desde los primeros días de entrenamiento: el puñetazo recto es la técnica más básica del karate y también una de las más difíciles de perfeccionar. Aprender a golpear con potencia, precisión y sin desperdiciar movimiento requiere años de práctica, porque implica coordinar el empuje de las piernas, la rotación de las caderas, el movimiento del tronco y la extensión del brazo en una cadena cinética perfectamente sincronizada.
El principio fundamental del tsuki en karate es que el poder no proviene principalmente del brazo sino de la cadera. El hara, el centro de energía ubicado en el abdomen bajo, es el origen del movimiento: la cadera rota en el momento justo y su inercia se transmite a través del tronco hasta el hombro, el codo y la muñeca, multiplicando la velocidad y la fuerza que solo el brazo podría generar. Este principio, común a muchas artes marciales asiáticas, explica por qué practicantes de karate de constitución media pueden generar golpes de enorme potencia: no es la masa muscular del brazo lo que importa, sino la eficiencia de la cadena cinética.
En el entrenamiento de kihon, los tsuki se practican habitualmente en combinación con oi-zuki (puñetazo en paso) avanzando por el dojo y girando al llegar al extremo para repetir la serie en sentido contrario. Esta práctica construye no solo la técnica del puño sino la coordinación entre el paso, el desplazamiento de peso y el golpe, que en el kumite son inseparables. El gyaku-zuki —el puñetazo con el brazo trasero, más potente y más lento— y el kizami-zuki —el jab con el brazo delantero, más rápido pero menos potente— son los dos polos del repertorio ofensivo con las manos en el karate moderno.