El waza-ari es la puntuación más habitual en los intercambios de alto nivel del kumite de karate. El término japonés se usa también en judo, donde significa “casi un punto completo” o “medio punto”, aunque en los dos deportes su valor y significado concreto difieren. En el karate WKF, el waza-ari vale 2 puntos y se concede por patadas a la cabeza o al cuerpo del rival ejecutadas con control, potencia demostrada y técnica correcta. En los combates de élite, el marcador suele moverse en incrementos de waza-ari porque las patadas a la cabeza —rápidas, eficaces y visualmente claras— son las técnicas más buscadas por los competidores.
El mawashi-geri jodan (patada circular a la cabeza) es la técnica que más waza-aris genera en el kumite de competición mundial. Combina velocidad, potencia y la capacidad de alcanzar una zona alta difícil de defender sin comprometer demasiado la propia posición. Los especialistas de este nivel de karate entrenan durante años para lanzar el mawashi-geri jodan con velocidad y control suficientes como para que los árbitros la reconozcan sin dudar. La diferencia entre un waza-ari reconocido y una técnica no puntuada suele ser de milímetros en el control final del pie y de milisegundos en el timing.
En el contexto de la gestión táctica del combate, el waza-ari tiene un peso estratégico importante. Un karateka que va perdiendo puede intentar remontar acumulando yucos, pero dos waza-aris del rival (4 puntos) son más difíciles de remontar en el tiempo restante. Los entrenadores planifican las estrategias de combate en función de los puntos que su pupilo necesita y de cuánto tiempo queda, decidiendo si buscar técnicas de riesgo alto y puntuación alta como el ippon o construir el marcador con técnicas más seguras y frecuentes. Esta dimensión táctica hace del kumite un ajedrez marcial tanto como una confrontación atlética.