La defensa en kumite de karate es tan compleja y sofisticada como el ataque. En el karate de alto nivel, los karatecas no se limitan a absorber los golpes o a esquivarlos torpemente: ejecutan defensas precisas que simultáneamente neutralizan el ataque rival y preparan el contraataque propio. Esta combinación de defensa y ataque en un flujo continuo es la esencia del kumite técnico.
Las técnicas de defensa en karate son numerosas y se practican durante años antes de dominarlas. Las paradas (uke) son las más básicas: el karateka interpone un brazo, una mano o una pierna en la trayectoria del ataque rival para desviarlo. Existen paradas para todos los ángulos y niveles: jodan (alto), chudan (medio) y gedan (bajo). Cada parada tiene su técnica específica y su aplicación táctica.
Las esquivas (tai sabaki) son quizás las defensas más elegantes del kumite. En lugar de bloquear el ataque, el karateka mueve el cuerpo fuera de su trayectoria. Esto no solo evita el golpe sino que puede dejar al rival en una posición desequilibrada desde la que el contraataque es muy efectivo. El tai sabaki requiere excelente timing y coordinación.
La combinación defensa-contraataque
La situación más valorada en kumite es cuando el karateka defiende y contraataca en un solo movimiento fluido. Por ejemplo, parar una patada con la mano izquierda mientras simultáneamente se lanza un gyaku-zuki (puñetazo inverso) con la derecha. Esta combinación es muy difícil de ejecutar pero es enormemente efectiva y estéticamente impresionante.
El irimi: entrar al ataque
Otra técnica defensiva avanzada es el irimi (entrar en el ataque): el karateka se mueve hacia el interior del ataque rival, acortando la distancia. Esto neutraliza la potencia del golpe del rival (que necesita distancia para desarrollar su fuerza) y coloca al karateka en posición de golpear con muy poca distancia. El irimi requiere valentía y timing perfecto.