El karate es uno de los artes marciales más extendidos del mundo, con decenas de millones de practicantes en todos los continentes. En el contexto deportivo de alto nivel, se practica bajo las normas de la World Karate Federation (WKF), la organización que reconoce el Comité Olímpico Internacional.
Las dos modalidades: kata y kumite
El karate de competición se divide en dos disciplinas completamente distintas:
Kata: el competidor o equipo ejecuta una secuencia predefinida de técnicas de ataque y defensa contra rivales imaginarios. Los jueces evalúan la precisión técnica, la potencia, el ritmo, el equilibrio y la interpretación global del kata.
Kumite: dos competidores se enfrentan en un área de tatami. El objetivo es ejecutar técnicas de puño y patada con control sobre las zonas permitidas del cuerpo del rival, acumulando puntos según la técnica utilizada.
El área de competición
Los combates de kumite se disputan en una superficie de tatami de 8×8 metros, con una zona de seguridad perimetral. El área está delimitada por líneas de colores. El kata también se ejecuta en un tatami, aunque el área puede ser algo mayor.
El árbitro y los jueces
En kumite, el árbitro central (shushin) es quien detiene y reanuda el combate, y quien anuncia los puntos con las señales reglamentarias. Le asisten cuatro jueces de esquina (fukushin) que pueden indicar si han observado una técnica puntuable o una infracción que el árbitro no haya visto.
En kata, entre cinco y siete jueces otorgan una puntuación numérica basada en criterios técnicos y atléticos. La nota más alta y la más baja se eliminan y se suman las restantes.
El karategi
Los competidores visten el karategi, un traje blanco similar al judogi pero de tejido más fino y ligero. El color de los cinturones indica el nivel del practicante. En competición, los jueces pueden distinguir los dos contrincantes mediante un cinturón rojo y uno azul respectivamente.