Hay deportes donde hay un antes y un después de un jugador. En el lacrosse, ese jugador es Gary Gait. Antes de Gait, el lacrosse ya era un deporte de alta habilidad y competición intensa. Después de Gait, quedó claro que el lacrosse podía albergar un tipo de talento individual que transformaba completamente el juego.
Los orígenes: de Fiyi a Syracuse
Gary Gait nació en 1967 en Victoria, Columbia Británica, Canadá, en el seno de una familia de origen fiyiano. Creció en una familia profundamente marcada por el deporte: su gemelo Paul Gait sería también uno de los mejores jugadores de lacrosse de su generación, y compitieron juntos durante toda su carrera universitaria y parte de la profesional.
Cuando Gary Gait llegó a la Universidad de Syracuse a finales de los años 80, fue inmediatamente evidente que se trataba de un jugador diferente. Su velocidad era extraordinaria, su control del palo excepcionalmente fino, y su capacidad para leer el juego y anticipar los movimientos de los defensores parecía sobrenatural para alguien de su edad.
Los años dorados en Syracuse (1988-1990)
Entre 1988 y 1990, Gary Gait protagonizó posiblemente el período más dominante de la historia del lacrosse universitario. En tres temporadas consecutivas fue elegido el mejor jugador universitario del año (Attackman of the Year). Lideró a Syracuse a tres títulos consecutivos de la NCAA (1988, 1989 y 1990), algo que no se había visto antes y que no se ha repetido desde entonces.
Sus estadísticas en esas temporadas eran de otro planeta: múltiples temporadas con más de 40 goles marcados y más de 30 asistencias en temporadas universitarias breves. Sus registros de goles en la historia de la NCAA no serían superados durante más de dos décadas.
El Air Gait: la jugada que cambió las reglas
La jugada más famosa de Gary Gait —y posiblemente la más famosa en la historia del lacrosse— es el Air Gait. En un partido universitario a finales de los años 80, Gait fue con la pelota detrás de la portería contraria. En lugar de intentar rodear la portería o pasar a un compañero, Gait corrió hacia la portería, saltó desde fuera del crease, pasó sobre la portería en el aire y lanzó a portería con el brazo extendido antes de aterrizar.
La jugada era legalmente ambigua en ese momento: Gait no había pisado el crease durante el salto, de modo que técnicamente no había infringido ninguna regla. El gol fue válido. El vídeo de esa jugada circuló durante años y décadas como una de las imágenes más impactantes de la historia del deporte.
La respuesta de la NCAA fue cambiar las reglas para prohibir explícitamente cualquier tipo de entrada aérea sobre el crease. La jugada es hoy ilegal, pero su nombre —Air Gait— ha quedado en la historia del lacrosse como símbolo de la creatividad que el deporte puede albergar.
La selección de Canadá y el lacrosse profesional
Con la selección canadiense, Gary Gait fue igualmente dominante. Participó en varios Campeonatos del Mundo y fue una de las razones por las que Canadá ganó el campeonato en 2006, rompiendo la hegemonía de Estados Unidos en el torneo.
En el lacrosse profesional, Gait jugó en la Major League Lacrosse y en la National Lacrosse League durante años, siempre como uno de los jugadores más destacados de la liga. Con el tiempo, la intensidad competitiva fue reduciéndose, pero su impacto en el juego seguía siendo visible en cada partido.
El legado: entrenador y embajador
Tras su retirada como jugador activo, Gary Gait se convirtió en entrenador de lacrosse, primero en la NCAA y después en la PLL. Ha trabajado con las siguientes generaciones de jugadores y ha contribuido a elevar el nivel técnico del deporte.
Para los aficionados y los jugadores del lacrosse, Gary Gait es el estándar de referencia: cuando se quiere elogiar a un jugador excepcional, se le compara con Gait. Y la comparación, casi invariablemente, sigue siendo favorable para el hombre que inventó el Air Gait y que durante tres temporadas en Syracuse pareció literalmente volar por encima del resto de los jugadores del mundo.