La historia de Jim Brown es una de las grandes hipótesis del deporte americano: ¿qué hubiera pasado si el mejor atleta de su generación hubiera dedicado toda su carrera al lacrosse en lugar del fútbol americano? La respuesta, según quienes lo vieron jugar, es que el lacrosse nunca habría sido el mismo.
El atleta total
James Nathaniel Brown nació el 17 de febrero de 1936 en St. Simons Island, Georgia. Creció en Manhasset, Nueva York, donde en el instituto ya era un fenómeno deportivo sin precedentes: fue el atleta más completo que la escuela había visto en décadas, capaz de competir al más alto nivel en fútbol americano, lacrosse, baloncesto, béisbol y atletismo de forma simultánea.
Su complexión física era sorprendente incluso para estándares actuales: una combinación de velocidad de sprint —cercana a la de los velocistas más rápidos de su época— con una musculatura y una fuerza que lo hacían prácticamente imparable en el contacto físico.
Syracuse: el doble estudiante de élite
Cuando llegó a la Universidad de Syracuse con una beca atlética, Jim Brown no solo se unió al equipo de fútbol americano —donde se convertiría en una leyenda— sino también al equipo de lacrosse. Su incorporación al lacrosse fue inmediata y su impacto fue inmediato.
En el lacrosse, Brown jugaba de atacante. Su ventaja física sobre todos los demás jugadores era tan evidente que los defensores se enfrentaban a un dilema imposible: si intentaban pararlo con el cuerpo, él simplemente los apartaba. Si intentaban apartarse de su camino, él aprovechaba el espacio libre para acercarse a la portería. No había respuesta táctica fácil para alguien con sus capacidades.
El reconocimiento universitario
En 1957, en su último año universitario, Jim Brown fue elegido como el segundo mejor jugador de lacrosse universitario de todo Estados Unidos por la Intercollegiate Lacrosse Association. Solo un jugador fue considerado mejor ese año.
Su entrenador de lacrosse en Syracuse, Roy Simmons Sr., fue aún más categórico: “Jim Brown fue el mejor jugador de lacrosse que he entrenado. Creo que podría haber sido el mejor jugador de lacrosse de todos los tiempos si se hubiera dedicado a ese deporte”.
Simmons no era un entrenador cualquiera: había visto a cientos de jugadores excepcionales en décadas de trabajo en Syracuse. Su evaluación de Brown como el máximo talento que había conocido es uno de los testimonios más poderosos sobre el potencial de Brown en el lacrosse.
La elección por la NFL
Al finalizar la universidad en 1957, Jim Brown se unió a los Cleveland Browns como primera selección del draft de la NFL. Su debut fue explosivo y el resto es historia: en nueve temporadas en la NFL (1957-1965), fue elegido All-Pro en ocho de ellas, ganó el título de la NFL en 1964 y estableció registros de yardas que tardaron décadas en ser superados.
En 1999 fue reconocido como el mejor jugador de la historia de la NFL por Sporting News. En el año 2000, The Sporting News lo incluyó en el puesto número uno de su lista de los 100 mejores jugadores de la NFL de todos los tiempos.
El lacrosse perdió a una potencial leyenda. La NFL ganó a su leyenda definitiva.
El legado en el lacrosse
Jim Brown nunca olvidó el lacrosse. A lo largo de su vida apoyó el desarrollo del deporte y reconoció públicamente el amor que sentía por él. Su historia es hoy una de las narrativas favoritas del mundo del lacrosse para ilustrar que su deporte exige y atrae a los mejores atletas del mundo.
Brown falleció el 18 de mayo de 2023. El lacrosse perdió a uno de sus más importantes embajadores extraoficiales, el hombre que durante décadas fue la respuesta más poderosa a la pregunta: ¿qué tipo de atleta juega al lacrosse?