En el lacrosse universitario de principios del siglo XXI, pocos nombres generaban tanta expectación como el de Mikey Powell. En una época en que el deporte empezaba a ganar audiencia más allá de su reducto tradicional de la costa este, Powell fue uno de los jugadores que demostraron que el lacrosse podía producir atletas de una habilidad técnica comparable a la de cualquier deporte del mundo.
Una familia de lacrosse
Los Powell son una de las grandes sagas del lacrosse americano. Casey Powell, hermano mayor de Mikey, fue jugador de lacrosse universitario y profesional de alto nivel en la misma Syracuse. Cuando Mikey llegó al campus a principios de los años 2000, el nombre Powell ya tenía un peso específico en el mundo del lacrosse.
Mikey Powell no se limitó a vivir de ese apellido: rápidamente estableció su propia identidad como uno de los jugadores más talentosos y más vistosos de su generación.
Los años en Syracuse (2001-2005)
En la Universidad de Syracuse, Mikey Powell fue el eje del equipo durante cuatro temporadas de excepción. Los Orange de Syracuse ganaron el campeonato de la NCAA en 2002 y 2004 en parte gracias a la brillantez individual de Powell.
Su estilo de juego era reconocible a distancia: una velocidad de manos excepcional para cambiar el palo de posición, una capacidad de cambio de ritmo que desconcertaba a los defensores y una audacia en el ataque que a veces rozaba lo temerario. No era el jugador más físico ni el más rápido en pista abierta, pero su dominio técnico del palo y su lectura del juego lo compensaban con creces.
Los vídeos de sus jugadas comenzaron a circular en los primeros años de internet, contribuyendo a que una nueva generación de jóvenes americanos se interesara por el lacrosse. En una época anterior a YouTube y las redes sociales tal como las conocemos, los DVDs de highlights de Powell pasaban de mano en mano entre jugadores jóvenes de todo el país.
El impacto en la popularización del lacrosse
Quizás el mayor legado de Mikey Powell no sea técnico sino cultural. En los años 2000, el lacrosse daba sus primeros pasos para salir de la burbuja de la costa este y llegar a nuevas audiencias en el centro y el oeste del país. Jugadores como Powell, con su estilo llamativo y su carisma, contribuyeron a hacer el deporte atractivo para jóvenes que nunca habían visto un partido de lacrosse.
Su impacto se nota en los números: la explosión del lacrosse juvenil americano en la segunda mitad de los años 2000 tiene en jugadores como Powell —que mostraban que el lacrosse era un deporte lleno de adrenalina y creatividad— una parte de su explicación.
El lacrosse profesional
Tras la universidad, Powell desarrolló su carrera en la Major League Lacrosse, donde siguió siendo un jugador de alta calidad aunque sin alcanzar el dominio que había mostrado en la NCAA. Su etapa universitaria es la parte más recordada de su carrera, en gran parte porque el nivel competitivo universitario de la NCAA en lacrosse estaba (y está) muy próximo al nivel profesional.
La generación de jugadores universitarios que creció viendo jugar a Mikey Powell en los años 2000 integra hoy la PLL y los cuerpos técnicos de los mejores equipos del país. Su influencia, indirecta pero real, sigue presente en el lacrosse de élite americano.