El encuentro entre el lacrosse indígena y los colonizadores europeos no fue solo el de un deporte con unos observadores extranjeros. Fue el inicio de un proceso de apropiación, adaptación y transformación que acabaría convirtiendo el juego sagrado de los pueblos nativos en el deporte internacional que conocemos hoy.
Los primeros observadores europeos
Los primeros europeos en ver el lacrosse con detalle fueron los misioneros jesuitas franceses que llegaron a la región de los Grandes Lagos y el nordeste de Norteamérica en la primera mitad del siglo XVII. Estos misioneros venían a convertir al cristianismo a los pueblos indígenas de la región, y en sus crónicas y cartas a sus superiores en Francia describieron muchos aspectos de la vida indígena, incluido el juego.
Jean de Brébeuf (1593-1649), misionero jesuita que trabajó entre los Wendat (Hurón) en la región del actual Ontario, dejó en 1636 una de las primeras descripciones escritas del juego. Describía un partido como un evento físicamente extraordinario, con decenas de jugadores corriendo durante horas y una competitividad feroz que le parecía al mismo tiempo admirables e incomprensible.
El origen del nombre
La atribución del nombre es debatida, pero la versión más aceptada es que los misioneros franceses llamaron al palo de los jugadores indígenas la crosse porque les recordaba al báculo o cayado episcopal (en francés, crosse d’évêque), el bastón curvado que usaban los obispos como símbolo de su autoridad. El juego pasó a llamarse le jeu de la crosse —el juego del bastón— y de ahí derivó el término inglés lacrosse.
De la observación a la participación
A medida que la presencia europea se consolidó en Norteamérica, el juego indígena comenzó a despertar un interés creciente entre la población colonial. En el siglo XVIII, algunos colonos de origen europeo empezaron a participar en partidos organizados por comunidades indígenas o entre asentamientos coloniales.
En 1763 tuvo lugar uno de los episodios históricos más conocidos en los que el lacrosse es protagonista: la Batalla del Puesto Michilimackinac. Los Ojibwe organizaron un partido de lacrosse frente al fuerte británico de Michilimackinac (actual Michigan). Mientras los soldados británicos observaban el partido confiados, los jugadores consiguieron que la pelota cayera dentro del fuerte. Al entrar a buscarla, los jugadores tomaron las armas escondidas por las mujeres Ojibwe y capturaron el fuerte en uno de los episodios más ingeniosos de la resistencia indígena frente a la ocupación colonial.
La adopción en Montreal
El paso definitivo del lacrosse hacia el mundo europeo-colonial ocurrió en Canadá, especialmente en Montreal, donde en la primera mitad del siglo XIX las comunidades anglófonas comenzaron a organizar sus propios partidos, primero mezclados con jugadores Haudenosaunee y después entre equipos exclusivamente de colonos. Este fue el germen del proceso de codificación que culminaría en la segunda mitad del siglo XIX.